
El psiquiatra Rafael de Benito, ayer en el centro Ibiltzen de Benta Berri en Donostia.Foto: ainara garcia
Donostia.El título de su conferencia es 'Los trastornos psiquiátricos: el mayor desafío sociosanitario del siglo XXI'. ¿No es alarmante?
Hay que entender que los trastornos neuropsiquiátricos son una de las primeras causas de carga social y económica en el mundo, según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son trastornos muy prevalentes, muchos de ellos se presentan a una edad muy temprana, duran muchos años, y causan discapacidad y secuelas que provocan dificultades y limitaciones en las personas que los sufren.
El abanico de trastornos es muy amplio, ya que no es lo mismo hablar de depresión o de esquizofrenia. ¿Con qué frecuencia aparecen?
La esquizofrenia no es de los trastornos más prevalentes, aunque sí de los más graves. De todos modos, un 1% de la población, aproximadamente, la padece, luego es una frecuencia bastante importante. La depresión alcanza una prevalencia del 6% en la población general y del 15% en las consultas de Atención Primaria. Es una frecuencia muy alta. La de los trastornos de ansiedad ronda el 10% y en los somatomorfes, que son aquellos en los que hay síntomas físicos que no tienen una enfermedad orgánica causal, llega al 13%.
¿Faltan recursos en la Atención Primaria para diagnosticar correctamente estos trastornos?
Si se tiene en cuenta que la Atención Primaria es la primera línea de defensa ante la enfermedad, y que muchos de los que padecen este tipo de enfermedades acudirán, en primer lugar, a su médico de cabecera o a su pediatra, sería importantísimo que dispusieran de medios y de recursos suficientes para poder hacer un diagnóstico precoz. La verdad es que, desgraciadamente, por cuestiones estructurales o de tiempo, les resulta difícil identificar este tipo de trastornos.
¿Con qué herramientas deben contar?
El tiempo no es lo fundamental, pero es importante para poder realizar unas preguntas claves que permitan realizar el diagnóstico. Luego, si se dispusiera de algún tipo de instrumento de detección, de test o encuestas breves que permitieran identificar los problemas, sería mucho mejor. Ya existen para el alcoholismo y el deterioro cognitivo. Y otra cosa es la formación, creo que la formación en psiquiatría y psicología médicas en las facultades de medicina, no permite obtener el bagaje suficiente como para identificar bien los trastornos mentales.
¿Por qué se destina más recursos a las enfermedades físicas que a las mentales?
Tengo la impresión de que los problemas orgánicos son más agradecidos al tratamiento que los psiquiátricos. Estos últimos son problemas difíciles de tratar y parece que no tienen cura, lo que no es cierto. A pesar de eso, reciben menos atención que los problemas físicos. Los trastornos orgánicos son habitualmente más fáciles de entender. El conocimiento de los psiquiátricos sigue siendo todavía limitado y nuestra capacidad para tratarlos, también.
Quizás en este tipo de trastornos resulta más importante hablar de control que de curación.
Eso es, conseguir que el paciente no sufra demasiadas limitaciones y desventajas respecto a personas sanas.
¿La sociedad todavía no está acostumbrada a convivir con la existencia de estas patologías?
Ésa es una de las razones por las que creo que no hay tanta investigación ni inversión. Los enfermos psiquiátricos, son muchas veces, enfermos silenciosos, ocultos, que habitualmente, salvo gracias a la labor de asociaciones como Agifes (www.agifes.es), no suelen salir demasiado a la calle, quizá por ese estigma y esa sensación de vergüenza. Tengo pacientes en la consulta que cuando sufren una depresión se sienten culpables o creen que si pusieran un poco más de su parte podrían mejorar, cosa radicalmente falsa.
Ha comentado que los pediatras también son un filtro importante en la detección de los trastornos. ¿Tantos casos se dan en niños?
La prevalencia de los trastornos mentales en niños asciende al 10% de toda la población infantil. Pensemos que el trastorno de déficit de atención tiene una prevalencia del 5%, según algunas estimaciones, si sumanos a eso los síndromes depresivos, los trastornos de ansiedad...
¿Se puede prolongar en el tiempo?
Eso ocurre con el autismo, el Síndrome de Asperger (padecen una especie de ceguera emocional, no son empáticas) o el déficit de atención. Aproximadamente, ese déficit continua en la vida adulta de la mitad de los niños que lo padecen, lo que le produce limitaciones importantes.
¿Qué puede hacer la propia sociedad?
En los años 50 y 60 se creía que se podía evitar que aparecieran los trastornos mentales. Hoy día, se piensa que no es posible, porque dependen de múltiples causas. Todo aquello que sirva para mejorar nuestro manejo de las emociones, nuestra capacidad para establecer redes de apoyo, lo que haga que disminuya la presión que a veces sufrimos para cumplir unas expectativas que no somos capaces de hacer; ese tipo de cambios relacionales, educacionales, sociales, pueden influir en que tengamos unas personas mentalmente más sanas. Pero es posible que, aunque se den esos cambios, no consigamos evitar que aparezcan, de tal manera que la identificación y el tratamiento precoz serían las medidas más eficaces.
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