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De Anoeta a Estrasburgo

La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos avalando el proceso de ilegalización de HB-Batasuna, AuB y Herritarren Zerrenda viene a cerrar el último gran episodio de los intentos de volver a la legalidad de este mundo iniciados en Anoeta.

Arnaldo Otegi, durante su discurso en Anoeta, en noviembre de 2004.

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Noviembre de 2004. Faltan apenas unos días para que Batasuna escenifique en el Velódromo de Anoeta su apuesta estratégica de mayor calado hasta la fecha. En el ambiente vienen flotando augurios de proceso de paz desde hace meses y eso que hace un año el Tribunal Supremo ha cerrado el paso a la izquierda aber-tzale dejándola fuera de ayuntamientos y Juntas Generales. Pesos pesados de Batasuna mantienen un discreto encuentro con periodistas para explicar el calado de Orain herria, orain bakea , para dejar claro que lo que va a ocurrir en el velódromo no es la enésima reinvención de la izquierda abertzale ante el abismo de su progresiva desaparición institucional. Uno de ellos apunta a lo largo de la larguísima reunión su convencimiento "al 95%" de que no estarán en las siguientes elecciones autonómicas de 2005. "Sería más grave estar fuera de los ayuntamientos que del Parlamento", sentencia.

30 de junio de 2009. Han pasado casi cinco años y, efectivamente, la denominada izquierda abertzale oficial está fuera del Parlamento, aunque tardara en ocurrir cuatro año más de lo que predijo aquel dirigente abertzale, EHAK mediante. Han pasado muchas cosas en todo ese tiempo: un fallido proceso de paz, sucesivos descabezamientos judiciales de los repetidos intentos por reconstruir la operativa de partido y electoral de este espectro ideológico y un cambio de color en Ajuria Enea. Pero un hecho puede resultar especialmente trascedente, la negativa del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo a rehabilitar las primeras siglas ilegalizadas: HB-Batasuna, AuB y Herritarren Zerrenda.

Y es especialmente trascendente porque, siguiendo con el análisis que hacía ese dirigente de Batasuna, la sentencia de Estrasburgo sitúa a la izquierda abertzale oficial ante una bifurcación en el camino a la presencia institucional: o se desvincula de la violencia, o ETA abandona las armas. Porque la tercera vía, a la que hasta ahora se había aferrado con la convicción de que la Corte europea desmontaría todo el engranaje construido en torno a la Ley de Partidos, se desmoronó el martes pasado.

el presente

Se limitan las salidas

El veredicto es de Alfredo Pérez Rubalcaba, nombrado ministro del Interior un mes después de que ETA anunciara el alto el fuego de marzo de 2006: "O se está con los votos o con las bombas". Lo pronunció justo después de que el Tribunal Supremo anulara la lista de Iniciativa Internacionalista para las pasadas elecciones europeas de junio, pero antes de que el Constitucional rehabilitara la candidatura de Alfonso Sastre. El presidente del EBB del PNV, Iñigo Urkullu, abundó el viernes en el análisis al hilo de la sentencia de la Corte europea: "Si la izquierda radical tiene vocación cierta de ejercer la actividad política sabe que su única alternativa es, o forzar la disolución de ETA o abjurar de la organización terrorista". El clavo ardiendo de Estrasburgo casi se ha fundido -salvo recurso y sorprendente decisión de la Gran Sala- y sólo el resquicio del Constitucional -condena génerica de la violencia mediante- podría a día de hoy evitar que en primavera de 2011 la izquierda abertzale deje las pocas instituciones en las que aún está: ayuntamientos y Juntas Generales de Álava y Bizkaia.

Éste es el escenario de superficie. Bajo tierra hay insistentes movimientos, sin concreción por ahora y cuyo recorrido está por ver, en torno a un traído y llevado polo soberanista, una bandera enarbolada por Arnaldo Otegi, erigido de nuevo en portavoz cualificado de la izquierda abertzale oficial tras un comentado silencio de meses al salir de prisión. El trabajo de acumulación de fuerzas nacionalistas ya se ensayó a finales del año pasado, dinamitado por el asesinato de Inaxio Uria, y sigue siendo una de las grandes incógnitas de la política vasca a medio plazo.

Volviendo a 2004, las bases sentadas en Anoeta tenían su génesis en Lizarra y venían a cerrar un ciclo político tras la ilegalización de la izquierda abertzale. El tránsito teórico debía concretarse en una rehabilitación legal para las elecciones municipales de mayo de 2007 -una vez más el interés por los ayuntamientos evidenciado por aquel dirigente de Batasuna antes mencionado-, hito simbólico marcado en el calendario y que se materializó en un pase parcial de las históricas siglas de ANV en lugares muy concretos, en su mayoría unidos por su carácter de feudos habituales de la izquierda abertzale, no sin una escenificación previa en toda regla con ilegalización de un partido incipiente (ASB) y de la panoplia ya clásica de plataformas electorales.

la distorisión definitiva

La tutela de ETA

Pero en todo ese proceso medió el atentado de la T-4, en diciembre de 2006, que acabó por cortocircuitar el ya maltrecho proceso de paz. De hecho, durante los nueve meses de alto el fuego, la opción de la vuelta a la legalidad de ese espectro político fue una de las cartas que el Gobierno puso sobre la mesa con la exigencia de nuevas siglas. Y llegaron -Abertzale Sozialisten Batasuna- pero tarde, marzo de 2007. Aún había algún movimiento soterrado para intentar revivir el comatoso proceso de paz, sin éxito, y sólo ANV esquivó parcialmente la ilegalización.

Todo se desbarató definitivamente con la ruptura oficial del alto el fuego de junio. Eso en el ámbito puramente electoral. Políticamente, Batasuna salió muy tocada de la mesa de negociación de Loiola. Los otros dos interlocutores presentes en los últimos encuentros relatan que la abandonó tras haber logrado un principio de acuerdo y a instancias de ETA. Esa última y definitiva intromisión de la organización terrorista, que ocurre en octubre de 2006 en un ámbito estrictamente reservado a los partidos políticos, acabó por desautorizar la interlocución de la izquierda abertzale oficial a ojos del resto de formaciones. Tres días después de la ruptura oficial del alto el fuego, Arnaldo Otegi ingresó en prisión: el rostro visible del proceso desapareció año y medio. En paralelo, fueron detenidos la mayor parte de los principales dirigentes de la izquierda abertzale oficial, a instancias de la Audiencia Nacional.

A partir de ahí, fuentes policiales aseguran que ETA desarrolló un proceso asambleario en el que, entre otras cuestiones, se planteó la posibilidad de concurrir a las autonómicas de marzo de 2009 y parece que fueron las opciones del sector duro, de atrincheramiento militar y dimisión de la política, las que triunfaron, con ANV y EHAK en proceso de ilegalización. En un escenario en el que la percepción de que el mapa electoral vasco podría dar un vuelco importante, fue la salida de prisión de Arnaldo Otegi -en agosto de 2008- la que pareció reactivar discretísimos movimientos para una reacumulación de fuerzas nacionalistas, con referente inmediato en Lizarra pero también en NaBai.

Fuera del Parlamento Vasco, con ETA en un discurso durísimo acompañado de un goteo de asesinatos, el tirón de orejas del Constitucional al Supremo por la anulación de Iniciativa Internacionalista en mayo fue el gran triunfo: por primera vez ambas instancias judiciales diferían en la aplicación de la Ley de Partidos. La posterior sentencia de la Corte europea devuelve de golpe a la dura realidad a la izquierda abertzale oficial y revela que, en el trayecto de Anoeta a Estrasburgo, la gran perdedora ha sido la inquebrantable voluntad de buena parte de ese mundo de ejercer la política.

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