
Contador rodando ayer, en vísperas del inicio del Tour.Foto: efe
mónaco. Seis preguntas y diez minutos después de que arrancase la rueda de prensa más esperada de cuantas salpican la plomiza antesala del Tour de Francia, que rueda al fin hoy con una crono de 15,5 kilómetros en Mónaco, alguien se dirigió a Alberto Contador. "¿Cómo lleva lo de la doble presión: la que supone ser favorito para ganar el Tour y la que conlleva tener a Armstrong como compañero?", le lanzan en inglés. Mientras la traductora, chilena de acentuados rasgos asiáticos, traduce la cuestión al francés, el chico de Pinto adopta una pose reflexiva. Elige, como acostumbra desde que Armstrong irrumpió en su vida para secuestrarle la calma, palabras huecas. No dice nada esa voz permanentemente quebrada que amenaza con hacerse añicos.
"Es una situación que llevo bien. Desde que Armstrong dijo que regresaba sabía que esto iba a suceder. Pero no supone un trastorno, es algo que me motiva, incluso me gusta", dice el ciclista que se enfrenta por primera vez en su vida al desafío de vencer un Tour en el que parte como favorito. Estuvo ausente en 2008 por el veto de ASO, organizadora de la prueba, a su equipo, el Astana, cuando debía defender el dorsal 1 gobernado insospechadamente, pues acudía a la edición de 2007 con la sana intención de ganar el maillot blanco. "Ahora todo es distinto", disertaba ayer, "estoy en todas las quinielas. Pero hay una cosa que no comparto: se está centrando todo excesivamente en Lance y en mí. Ya no cuento con el factor sorpresa de 2007, pero en contraprestación soy un corredor más sólido, más fuerte".
Sentado a la derecha del fenómeno, Johan Bruyneel, el hombre más solicitado de Mónaco, salvedad hecha de Armstrong, representa un papel inquietante. Ha recibido la primera andanada de preguntas y camina sobre un filo de navaja el belga, atrapado por su vínculo personal con Armstrong. "¿Quién es el líder?", le inquirieron ayer por enésima vez.
Y Bruyneel, complaciente, respondió lo esperado. Dijo que Contador. "Alberto es el líder". Razonó después la conclusión abrazado al método empírico. Fue objetivo. "Repasando los últimos tres años, es evidente que Alberto es el mejor corredor del mundo. Ha ganado las tres grandes…", trazó rotundo eludiendo la controversia, que había dejado en la primera de las seis ocasiones consecutivas en las que tuvo que acercar sus labios al micro para desentramar la forma en que Armstrong y Contador pueden conjugar en carrera. El belga había pintado a brochazos un paisaje ambiguo. En sus nueve Tours anteriores como director (desde 1999 hasta 2007) nunca se enfrentó a una situación similar, tan tensa en la relación de dos de sus corredores. "Es distinto a cualquier otro Tour, pero hay que adaptarse. No significa que tener dos líderes sea peor que contar sólo con uno. Todo tiene sus ventajas y sus desventajas. Con un solo jefe tienes que hacer todo perfecto, no cometer errores, ninguno. Con dos, tienes las espaldas cubiertas. De todas formas, nunca he visto un Tour en el que no ganara el más fuerte", expuso el director del Astana.
La escala jerárquica del Astana queda a expensas de la carretera. "En la crono se podrá ver quién es más fuerte", alertó Bruyneel, una cuestión que el belga quiso maquillar con un gesto litúrgico: el dorsal 21 es de Contador. "Se lo he dado porque yo he querido que lo tenga. Es una muestra del respeto que le tengo". Contador asumió el juego, eludió el riesgo, se mostró condescendiente, evitó hablar de Armstrong sin negar su existencia y concluyó con una carga de profundidad: "La contrarreloj es importante, pero yo no necesito demostrar en ella nada a nadie".
los otros
Sastre, Evans, Menchov...
Enzarzados en la definición de la estructura del Astana, pocos reparan en que hoy arranca un Tour al que aspiran otros. Tuvo que ser Bruyneel, atosigado ante la insistencia para que describiera la verdadera situación que se respira en el seno del equipo, quien invirtiese los papeles. Dejó de defender y pasó a la ofensiva: "Estáis planteando mal la cuestión. La pregunta no es quién de los dos va a ganar el Tour, sino si podemos ganar el Tour. Esto no va sólo sobre el Astana, Armstrong y Contador… Esto es el Tour".
Abrió así la cortina tras la que se esconden los demás, los otros. Está Carlos Sastre, el defensor del dorsal 1 del que pocos hablan, lo que le procura una situación de carrera, oculto, que adora el abulense; o Cadel Evans, sublime en la Dauphiné Liberé; o Denis Menchov, el ruso sigiloso que aspira a un logro histórico, de sabor añejo, ya que tras su triunfo en el Giro opta al decimotercer doblete de la historia cuando se cumplen 60 años del primero que firmó Fausto Coppi en 1949; y el aprendiz Luis León Sánchez, forzado por la ausencia de Valverde a un liderazgo apresurado; y de los hermanos Schleck, sobre todo Andy, quien aspira al podio pero juzga inalcanzable a Contador, el portador del dorsal 21.
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