
Xabier Iturralde, fotografiado en Azpeitia.Foto: Ainara garcia
donostia. Xabier Iturralde, mecánico de acería y azpeitiarra de 43 años, fue uno de los afectados en la estafa de Fontaneda y aquí narra sus sensaciones tras una década en la que no llegaba la hora de ver la luz.
¿Cómo decidió invertir?
A través de unos anuncios en el periódico me enteré de un negocio que ofrecían. Decidí acudir a las oficinas de una sociedad llamada Acai III, y Manuel Cid, entre otros, me explicó que adquirían pisos en subastas y luego los vendían a mucho mayor precio. Para fiarte, te daban una tarjeta con la dirección del Banco Guipuzcoano de Pamplona y te recomendaban hablar con el director (Echarri).
Y se puso en contacto con él.
No, antes lo hizo un familiar que invirtió también en lo mismo. Habló en persona con Echarri y le dijo que era una sociedad muy solvente, con muchos movimientos. Eso hizo que al final me convenciera de la seguridad del negocio.
¿Cuánto dinero invirtió?
Primero invertí un millón, porque no estaba muy seguro. Al comprobar que los intereses parecían seguros, que aparecían en los documentos, fue cuando invertí mucho más.
La sentencia, en la que se aprecia la responsabilidad del banco, ¿le ha dejado satisfecho?
Sí, el banco era el último peldaño que te convencía para meterte en este negocio. Era el empujón definitivo que te invitaba a invertir.
¿Cuándo comprueba que no obtiene dividendos?
En poco más de seis meses el escándalo salió a la luz.
¿Qué intereses son los que le hicieron fiarse del negocio?
En el banco nos hacían un pagaré. Te decían que a través de él podíamos recuperar la cantidad invertida con intereses. Si habías invertido un millón, el pagaré te permitía obtener hasta dos millones y medio.
Todo lo que ha supuesto este proceso no habrá sido gratuito.
Aquí hemos conocido todo tipo de problemas. Cuando nos reuníamos todos los inversores con los asesores conocíamos todo tipo de historias personales. Llegó a fallecer algún afectado que presentaba problemas de corazón, he visto que un compañero de Usurbil sufría depresiones y perdía el trabajo. También a mi mujer le afectó durante el embarazo. Estas cosas dejan secuelas, aunque remontes psicológicamente. El no saber na-da, la impotencia, el desconocimiento de si se va a aclarar algo al final, es muy fuerte.
¿Confían en recuperar el dinero in-vertido aunque no se resarza con ello el daño causado?
Creo que es justo que se recupere el dinero y todo el daño que se ha hecho, que se recupere con los intereses. Creo que la Justicia ha sido justa, ha estado de nuestra parte y podemos confiar en ella, gracias al trabajo de nuestros asesores (ATE). >e.c.
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