
Un hombre se tira de los pelos estresado frente a su ordenador en una oficina.Foto: David Moreno
Donostia. No sólo es un problema de bolsillo. La crisis está quitando el sueño a muchos vascos, que perciben la incertidumbre económica en su día a día. Ansiedad, irritabilidad, estrés, tristeza y miedo afloran en tiempos de crisis, especialmente, entre el colectivo más susceptible a notar sus efectos. Osakidetza ya observa estos síntomas entre la población vasca, aunque considera que no llegarán a conformar "ningún cuadro clínico depresivo", según el responsable de Salud Mental, José Antonio de la Rica.
Afrontar el pago de una hipoteca o de grandes cantidades de deudas cuando tambalea el puesto de trabajo contribuye a que más de uno viva en una continua sensación de inseguridad que, en la actualidad, se está apoderando de la sociedad. "El problema que vivimos con la crisis es que existe una sensación de miedo social. La gente mantiene una actitud temerosa, no arriesga", indica De la Rica, quien asegura que, en momentos como estos, "emergen los síntomas psicológicos".
Los médicos de atención primaria del Servicio Vasco de Salud reciben a pacientes en sus consultas que presentan síntomas de ansiedad y que solicitan un tratamiento farmacológico para, por ejemplo, poder conciliar el sueño. "Los facultativos notan esta situación; no obstante, en muy pocos casos se presenta un cuadro clínico", insiste el responsable de Salud Mental de Osakidetza.
En este mismo sentido, se pronuncia el jefe de Servicio de Geriatría del Hospital Donostia, Imanol Querejeta, quien asegura que en este centro sanitario no ha atendido a nadie que "venga exclusivamente por problemas causados como consecuencia de la crisis". "Tengo pacientes que te comentan que su empresa está haciendo un ERE, que tienen miedo, pero nada más, no requieren de fármacos por estos asuntos", afirma.
Querejeta asegura que a su consulta nadie llega con un cuadro psiquiátrico por la crisis. "Los que solicitan ayuda ya son personas obsesivas, a las que les asusta lo que les deparará el futuro, que no saben cómo afrontar los problemas", explica.
En la actualidad, a juicio de De la Rica, los vascos, en especial, los que han sufrido la pérdida de su trabajo o creen que pueden quedarse sin empleo en poco tiempo "están intentando adaptarse a un difícil periodo que todavía puede ser peor". Por ello, es habitual que los ciudadanos padezcan estrés o se mantengan alerta "por lo que pueda pasar", indica, al tiempo que señala, que "sólo las personas muy vulnerables pueden caer en una depresión o sufrir que su caso derive a una enfermedad mental grave".
Crisis versus salud A juicio de este médico, la población vasca conseguirá esquivar la crisis sin ayudarse de ningún fármaco, al contrario de lo que ha sucedido a lo largo del siglo XX en coyunturas económicas similares. La Gran Depresión de EEUU, la conocida como el crack del 29 , oel corralito en Argentina se asociaron a repercusiones para la salud mental individual y colectiva, con un aumento de enfermedades psiquiátricas, depresiones y, en casos muy extremos, incluso, suicidios.
"Una persona con ciertas características de vulnerabilidad y fragilidad que, por la crisis, esté sometida a una situación estresante puede caer en la depresión. La recesión puede ser la gota que colme el vaso y lleve a la enfermedad, pero nunca será el desencadenante", afirma el facultativo. "Un cuadro clínico, por su intensidad, características y evolución tiene dimensiones mucho más grandes que las que estamos viendo ahora", matiza De la Rica.
Uno de los problemas más frecuentes que surgen cuando la sociedad atraviesa una situación de inestabilidad económica es el insomnio. "Es un síntoma psiquiátrico que se relaciona con trastornos ansiosos y depresivos, para lo cual se suelen tomar ansiolíticos, que han experimentado un repunte en el consumo desde hace algunos años", explica el responsable de Salud Mental de Osakidetza.
Sin embargo, no considera que ahora los vascos estén adquiriendo fármacos en exceso, aunque advierte que algunas personas pueden refugiarse en el alcohol para olvidar que pasan por un mal momento. "Es el ansiolítico más común en la sociedad. Es legal y no existe ninguna restricción en su consumo para los mayores de edad", incide, aunque añade que este producto "se utiliza más para divertirse que para aislarse".
De la Rica aconseja a las personas que tengan síntomas de ansiedad que persistan más allá de una o dos semanas que acudan al médico de atención primaria "que es el que mejor les va a atender". Asimismo, recomienda que estos pacientes "vuelvan a las estrategias tradicionales, es decir, que se apoyen en los amigos y familiares, que recuperen relaciones perdidas, que les ayuden a capear este temporal económico".
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