Los barrios rurales no son destino habitual de inmigrantes, pero Brinkola sigue acogiendo a muchos de los que llegan para trabajar en Legazpi. El ferrocarril y el precio de los pisos lo hacen atractivo
Entre los que vinieron de fuera se encontraba Goretti Pinto. Esta mujer de 38 años vino desde Portugal con sus padres y sus tres hermanos cuando sólo tenía cuatro años. Primero estuvieron en Segura, después en el barrio de Santa Marina de Legazpi y finalmente vinieron a Brinkola "porque estaba mejor comunicado y las viviendas eran baratas". Recuerda que llegaron a dormir en los barracones de la cantera donde trabajaba su padre. "Le ofrecieron la casa por 100.000 pesetas. Yo misma compré el piso por 4.000.000. ¿Dónde puedes conseguir una casa por ese precio?".