
Paco Ibáñez, ayer en el Victoria Eugenia de Donostia.Foto: ruben plaza
DONOSTIA. Paco Ibáñez quebró ayer la monotonía que a menudo impera en las presentaciones culturales y protagonizó, quizá a su pesar, una de las ruedas de prensa más pintorescas de los últimos tiempos en Donostia. El músico nacido en Valencia ofrecerá hoy y mañana a las 20.00 horas dos conciertos -el primero para 900 personas en el Victoria Eugenia y el segundo para 120 en el Club del teatro- en los que repasará sus viejas canciones y desgranará las de su último álbum, Paco Ibáñez canta a los poetas andaluces (2008).
El programador de Donostia Kultura, Miguel Martín, lo presentó como un artista que "forma parte de nuestra memoria y de nuestra música", y antes de tomar la palabra, Ibáñez dio paso a un audiovisual que, presidido por la voz en off del escritor Bernardo Atxaga, dejó patentes los fuertes lazos que le unen a Euskadi. Y es que cuando tras la guerra su padre, anarquista, fue encerrado en un campo de trabajo, Ibáñez vino a Gipuzkoa y pasó parte de su infancia en el caserío Apakintza de Aduna, donde aprendió euskera, una lengua que aún continúa chapurreando con allegados como su primo el harrijasotzaile Iñaki Gorostidi.
junkera, el inglés y el euskera No tardó en mencionar a dos de sus poetas más queridos, Blas de Otero y Gabriel Celaya. De este último recitó, como si de un mantra se tratara, la célebre estrofa que reza: "Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno". "Esa frase debería estar en todos los frontispicios, en los semáforos, en todas partes... Para que todos los ciudadanos la asimilen bien", aseveró antes de adentrarse en un inesperado jardín y arremeter contra el último trabajo de Kepa Junkera, Etxea , el primero de los tres discos que el Gobierno Vasco ha decidido subvencionar con 702.000 euros.
Paco Ibáñez confesó que el trikitilari vizcaino se puso en contacto con él para participar en el disco, en el que colaboran Víctor Manuel, Ana Belén, Loquillo, Andrés Calamaro y Lluis Llach, entre otros. "Yo me negué porque lo vi como algo superficial, como un disco puramente mercantil", aseguró, al tiempo que dijo no entender cómo los responsables culturales se han prestado "a ese juego no muy glorioso de vender Euskadi" con un proyecto donde "cantan todos menos los vascos". "Ahí también vale lo de Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno . El disco de Junkera es una vergüenza para Euskadi", zanjó.
Un periodista preguntó entonces por sus actuaciones de Donostia. "Ah, sí, perdón. He ido del concierto al desconcierto", bromeó Ibáñez, que prometió cantar en español, francés, catalán, italiano, portugués y euskera. "¿Y en inglés?", inquirió otro informador. "Antes morir que cantar en inglés. No tengo nada contra la lengua de Shakespeare, pero es la lengua del imperio", aseguró.
Regresó al tema del euskera y pasó de meterse en un jardín a meterse en la selva cuando declaró que "un vasco que no habla euskera no termina de ser vasco". "Alguien que vive en Euskadi puede ir a una tienda, comprar una txapela y disfrazarse, ¿pero qué coño de vasco eres si no hablas euskera?", se preguntó, en clave combativa, tras recalcar que "el idioma es el alma de un pueblo".
También condenó el "silencio sepulcral" con que fue recibido en Euskadi el disco Oroitzen (1998), grabado en euskera con el difunto Imanol Larzabal. "No sé dónde están los responsables culturales vascos..."
Genio y figura, voz incansable de la resistencia antifranquista, Ibáñez musicará en su concierto de hoy poemas de distintos autores con la ayuda de César Strosccio (bandoneón), Mario Mas (guitarra), Pep Pascual (efectos), Roqui Albero (ciscornio), Joxan Goikoetxea (acordeón) y Chicharo (cajón). También ha preparado sorpresas estrictamente dirigidas a la parroquia local. Previsiblemente, Atxaga leerá algunos poemas y Xabier Euzkitze completará con sus bertsos Las coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.
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