
Ponomariov, sentado en un taburete a la izquierda de la imagen, con los jugadores vascos a sus espaldas.
EL ex campeón del mundo de ajedrez Ruslan Ponomariov estuvo ayer en Urretxu para enfrentarse a ciegas a ocho jugadores: ganó todas las partidas. Ponomariov jugó por vez primera de espaldas al tablero. Este acto fue organizado para celebrar la décima edición del torneo Eire-Bankoa.
Ponomariov jugó contra ocho de los mejores ajedrecistas de la edición del año pasado: el elgoibartarra Mikel León, el vecino de Elorrio Aitor Gallastegi, el legazpiarra Carlos Erostarbe, el zaldibitarra José Ramón Goñi y los zumarragarras Iñaki Osés, Urko Mendiguren, Ketxus Amenabar y Pedro Castro.
El evento tuvo lugar en el bar Eire y contó con el apoyo del Ayuntamiento, la Federación Vasca de Ajedrez, Bankoa y el grupo Heineken. Ponomariov llegó a la localidad de Urola Garaia con tiempo y media hora antes del comienzo del acto ya estaba en el bar. Él se puso en un lado de la barra, mientras que sus rivales charlaban en el otro.
Antes de iniciar la partida, reconoció a NOTICIAS DE GIPUZKOA que no había preparado "especialmente" el reto. Sus rivales tampoco prepararon sus respectivas partidas. El legazpiarra Carlos Erostarbe comentó que no estaba nervioso, pues "el campeón del mundo es él y es, por lo tanto, él quien tiene que sentir presión. Para nosotros es una oportunidad única y tenemos que disfrutar".
Erostarbe pronosticó que el ucraniano ganaría las ocho partidas. "Mario Gómez jugó una vez contra cuatro y les ganó a todos, aunque al año siguiente perdió dos jugando contra cinco. Pero hay que tener en cuenta que Ponomariov es mucho mejor. Tendrá la memoria suficiente y no le podrá la tensión. Si va a participar es porque confía en sus posibilidades".
El legazpiarra sólo veía una manera de ganar alguna partida al ucraniano. "Podíamos haber acordado cómo jugar cada uno para enredarle, pero no lo hemos hecho. Puede que varios juguemos del mismo modo y se lo pongamos muy fácil. Imagino que él intentará sacar ventaja al principio. También será muy importante que ninguno de nosotros pierda muy rápido".
Tal y como predijo Erostarbe, Ponomariov ganó las ocho partidas. El legazpiarra falló en el pronóstico sobre el desarrollo de las mismas: el ucraniano comenzó torpe y acabó desarbolando a sus rivales con su velocidad. El que más resistencia opuso fue Urko Mendiguren.
El zumarragarra estaba encantado. "Me ha tomado ventaja desde el principio, por lo que he tratado de simplificar la partida para llegar hasta el final". Añadió que fue "un honor" para él medirse al ucraniano. "El reto era muy difícil y no esperaba que nos ganara a los ocho. Le ha costado empezar, pero luego ha cogido velocidad y volvía a mi mesa antes de lo deseado".
A Ponomariov le llevó cerca de dos horas y media ganar a los ocho jugadores: "Ha sido más duro de lo esperado. Estoy cansado y me duele la cabeza. Ha sido complicado, pues no tengo experiencia en este tipo de partidas. Además, mi idioma materno es el ruso y tenía que dar las órdenes en inglés. He tenido doble trabajo: memorizar las partidas y pensar bien lo que decía".
El maestro tuvo palabras de elogio para sus rivales. "A ninguno se le ha caído ninguna pieza y en una partida he llegado al final con sólo una torre", comentó. Todos acabaron encantados, pero sobre todo el organizador, Txema Iriberri. "Es de agradecer que Ponomariov haya aceptado el reto de jugar en condiciones tan adversas: contra ocho, a ciegas y en un bar", concluyó.
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