
a por ellos
"el tiempo no alcanza para amarte". Ésta era una de las pancartas que colgaba del estadio de Vélez el día en el que el Racing de Avellaneda volvió a proclamarse campeón de Liga 35 años después. Toda una vida en la que el conjunto blanquiazul, al que conocieron en su edad de oro como La Academia por el gran fútbol que desplegaba, deambuló con más pena que gloria por su campeonato, a la sombra incluso de su eterno enemigo y vecino Independiente. Decía uno de sus seguidores, desencajado por la alegría y a pecho descubierto: "Si sos de Boca o River, tu hijo te puede salir de cualquier equipo. Si sos de Racing, tus hijos siempre serán de Racing".
Así debería ser en Gipuzkoa también, pero con la Real. Seguro que ese periodo de tiempo se les hizo mucho más largo a los racinguistas que a los realistas los 40 años seguidos que permaneció su equipo en Primera División. Echas la mirada atrás, y te da una pena tan terrible ver en lo que se ha convertido nuestra Real, que cuesta contener las lágrimas. Y lo más triste de todo es que los continuos llamamientos a la unidad para labrar una esperanza de futuro o un mañana mejor han sido dilapidados al haberse antepuesto, unas vez más, las repugnantes guerras particulares al amor a unos colores legendarios. Resulta curioso que sean ahora precisamente los que más han dividido los que no tienen ningún rubor en apelar al borrón y cuenta nueva.
También ha sido revelador en las últimas semanas la cantidad de personas que no han tenido problemas en bailar el agua a sus tendenciosos entrevistadores y contestarles lo que les interesaba escuchar. Parece que algunos han olvidado que cuando llegó el actual Consejo, con elcomeniños Badiola, el club yacía casi hecho cenizas en Segunda. Me refiero a las directivas de Denon , que malgastaron el último salvavidas en forma del considerable dinero que ingresó en las arcas realistas.
No quiero pasar por alto que el presidente ha cometido muchos errores, algunos gravísimos, como la falta de ingresos extraordinarios o sus continuos enfrentamientos, pero también ha hecho muchas cosas bien, algo que su desaforada oposición siempre pasa por alto en un acto tan ventajista como desleal.
No sé lo que ocurrirá en la Junta, es más, estoy tan asqueado que lo único que quiero es que pase rápido y que sea lo que Dios quiera. Sólo pido que no venga más de lo mismo.
Me importa mucho más la opinión de los seguidores que la de sus accionistas, porque la Real es y siempre será un club de fútbol, y no quiero pasar por alto que Badiola puede pasar a la historia como el único presidente de la era moderna al que no le han recriminado nada en Anoeta, ni siquiera una mísera pancarta.
Lo único que me queda es un fondo de tristeza en mi ánimo y una firme declaración que encabeza esta columna y que lucía en su camiseta el apasionado seguidor de Racing: "Real, perdona por el color de mi sangre".
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