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Apalancados en 'la edad del pavo'

"Hay gente que vive eternamente en la 'edad del pavo', incluso con sesenta años de edad", afirma el sociólogo Javier Elzo, quien acaba de publicar un libro en el que retrata la vida y el comportamiento de los adolescentes de hoy en día

"Dinero, preservativos y fiesta" son los grandes iconos de los adolescentes, junto a otros, como el móvil o determinadas prendas de vestir.

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"ENTRE mis amigas y yo nos hemos follado a media ciudad. A veces competimos por ver quién es la más guarra. Follar es bueno y natural". No es de extrañar que este testimonio, protagonizado por una chica de 16 años que estudia en un colegio religioso, sea, entre cientos, el que más ha impactado al sociólogo vasco Javier Elzo. "Me sorprendió por el desgarramiento, por la forma en la que lo dice", admite el autor de La voz de los adolescentes (editorial PPC), un libro en el que hinca el trinchador a la edad del pavo , en la que se ha quedado anclado más de un sesentón.

al tajo con 16 años

"Deben saber que una cerveza cuesta 30 minutos de trabajo"

Conscientes de que el paso a la edad adulta viene cargado de problemas y responsabilidades, los adolescentes de hoy en día estiran esta condición hasta tal punto que, según indica Elzo, "hay gente que vive eternamente en la edad del pavo, incluso con sesenta años". Para detectarlos, bastan un par de claves: "Los adolescentes no piensan en el futuro, viven siempre en el presente, haciendo lo que les apetece en cada momento y sin cuestionarse las consecuencias. Es la lógica del nahi dut (quiero)", resume el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, quien añade, en ese sentido, que "puedes encontrar a un sesentón que vive en este estado permanentemente, que nunca da el paso a la edad adulta ni se plantee el behar dut (debo)".

Para prevenir este estancamiento y empujar a los adolescentes en su empinada cuesta hacia la edad adulta, Elzo considera necesario que se sumerjan en el mercado laboral para que sepan el esfuerzo que cuesta ganar dinero. "En el momento en que tengan edad laboral, los jóvenes tienen que empezar a trabajar, estudien o no. Deben saber que cuando se toman una cerveza les ha costado 30 minutos de trabajo. Eso es fundamental", subraya, al tiempo que aporta algunas ideas para quienes pongan como excusa el instituto. "Un sábado a la noche hay trabajo seguro, o de vigilante un domingo por la mañana", sugiere.

nidos vacíos y abuelas esclavas

"Nunca han tenido tantos medios y han crecido tan solos"

Rodeados de nuevas tecnologías, lo que les hace falta a los adolescentes actuales cuando llegan a casa, más que con quién chatear, es una figura paterna. "El hecho de que la mujer haya salido del hogar sin que el hombre haya entrado ha dado lugar a los nidos vacíos y las abuelas esclavas ", describe Elzo.

La denominada generación llavero -chavales que, ante la ausencia de los padres, llevan en la mochila, junto al móvil, las llaves de casa- ha adquirido, con el paso de los años, nuevas cargas. "Cuando tienen ya una cierta edad, no solamente van con la llave, sino también con la cesta de la compra. Se les dice: Oye, cuando salgas del colegio pasa un momento por el supermercado, que no hay nada, y trae media docena de huevos o unos filetes . Eso también está ocurriendo", relata este catedrático, antes de asomarse a la mirilla de la puerta para ver qué hacen los adolescentes, una vez echan el cerrojo, al otro lado. "Hace unos años veían la serie Al salir de clase . Ahora es el chat, el messenger , el móvil...", cita Elzo, para quien "ninguna juventud ha tenido tantos medios, pedagogos y psicólogos como la actual y, sin embargo, ha crecido tan sola".

A pesar de que se abre ante ellos un abanico infinito de posibilidades, este sociólogo asegura que "es mucho más difícil ser adolescente en la actualidad que hace treinta años". "Antes, si tu padre era tornero, sabías que te esperaba ser tornero y poco más. Hoy en día un chaval tiene el mundo abierto, puede hacer prácticamente lo que quiera, y eso hace que sea más incierto e inseguro. Para ellos la cosa es mucho más complicada", insiste. Más, si cabe, si carecen de referente al que imitar.

corregir en vez de sancionar

"Hemos pasado del sopapo y el reglazo a la permisividad total"

Por increíble que parezca -cualquiera diría que lo hacen por llevar la contraria-, los adolescentes reclaman "más disciplina". Pero no de la que se aplicaba antaño, a base de collejas y orejas de burro. "Antes se decía: la letra con sangre entra y es verdad que se han dado muchos sopapos. Por supuesto que hay que eliminar el castigo físico, pero hemos pasado del sopapo y de que te dieran en la mano con la regla a la permisividad total", señala Elzo.

Desechados los pellizcos y la tortuosa práctica de arrodillarse con los brazos en cruz, la indulgencia se apoderó de las aulas. "En los años ochenta hubo una mala comprensión de la escuela liberadora en la cual se quería eliminar todo tipo de sanción y disciplina, y ahora eso nos está costando Dios y ayuda", admite. En las casas la situación era similar. "La generación que ahora tiene 35, 45 ó 50 años, tras salir de un régimen de falta de libertades, creció con el ideal de prohibido prohibir . Ahora se encuentran con que no saben qué hacer con sus hijos", explica.

Aunque "no hay recetas", Elzo tiene claro que hay que poner límites a los adolescentes y tratar de que rectifiquen cuando cometen errores. "El castigo bueno es el razonado y corrector, en el cual se le hace ver de buenas formas, pero con contundencia, que lo que ha hecho está mal y que es necesario que haga alguna cosa, relacionada con su falta, para corregirla", indica.

"Un chaval que llega tarde va a tener que demostrar al día siguiente que es capaz de venir una hora antes de la prevista", pone como ejemplo, mientras añade que "si va con una copa de más es preciso hablar con él y, si se repite, no se puede transigir". No obstante, aclara, "la solución no está en que se quede en casa, ni aunque sea leyendo a Kant u oyendo a Bach. Un chaval tiene que estar en la calle y divertirse con sus amigos y, si un día se pasa, ahí están los padres para hacerle ver: muchacho, ¡ojo!".

El 90% ha probado el alcohol

"Tenemos que enseñarles a beber en casa"

En una sociedad en la que "el alcohol está presente y forma parte de nuestra cultura" pretender que la juventud sea abstemia es poco menos que una utopía para Elzo. "Es una hipocresía decir que hay que enseñarles a no beber porque el 90% ha bebido alguna vez y no solamente los jóvenes, sino también una proporción muy grande de mayores. Si no quieren beber, ¡magnífico!, yo tengo alrededor gente de mi familia que no bebe nada, pero me sobran dedos de la mano", afirma.

Con los datos encima de la mesa -el 65% de los jóvenes consume alcohol de forma habitual- Elzo apela al pragmatismo. "La inmensa mayoría bebemos. Entonces, no seamos hipócritas, tenemos que enseñarles a beber. ¿Dónde? Pues en casa. No vamos a hacer un curso en la universidad", ironiza.

Con esto, el sociólogo no pretende que las familias monten una cata de vinos en el salón, sino que "les enseñen a los adolescentes a beber para que éstos sean conscientes de que consumir alcohol en exceso no supone pasárselo mejor, sino que van a perder el control de sí mismos y no van a ser personas libres, sino esclavos de un producto, que es la cosa más estúpida que se puede ser".

Conocedor desde hace muchos años de los malos hábitos de la juventud, no por ello dejan de impresionarle. "¿Cómo es posible que hayamos llegado a una situación en la cual a muchos les parece normal emborracharse para pasarlo bien? Hay que cambiar esto", subraya.

Para ilustrarlo, relata el caso de "una chica vasca de 13 años que, para emborracharse sin oler a alcohol y que la dejaran pasar en los locales de copas, se puso un támpax inundado de alcohol y acabó con un coma etílico", afirma. Como contrapartida, algunos adolescentes están empezando a hacer botellones con poco alcohol e incluso sin él, aunque "desgraciadamente son pocos".

del sexo es malo, al 'póntelo'

"Siguen los roles del macho conquistador y la chavala fiel"

Aquí te pillo, aquí te mato . Buena parte de los jóvenes son partidarios de mantener relaciones sexuales siempre que les apetezca y haya un preservativo de por medio. A veces, ni eso. "Si no ha habido unos prolegómenos, unos entornos, unas circunstancias, los mismos chavales dicen que muchas veces ni siquiera son capaces de ponerse el condón por la euforia del momento o porque tienen una copa de alcohol de más", explica el sociólogo.

Los jóvenes, llevados por el apretón , no reparan en los sentimientos, a juicio de Elzo, porque "no ha habido una cultura sexual". "Se ha pasado de la idea de que el sexo es peligroso, malo y hay que dejarlo solamente para el matrimonio a la idea del póntelo, pónselo , de repente. Hay que utilizar el preservativo y potenciarlo, pero no basta con decir eso. La relación sexual es mucho más que una descarga genital. Hay un entorno de cariño, de ternura, de afecto, incluso unos espacios", dice.

En lo que poco o nada han cambiado los adolescentes de hoy en día con respecto a los de pasadas generaciones es en la arraigada convicción de que "sólo las chicas deben ser castas o casi". "Es evidente que los roles sexuales del macho conquistador y de la chavala fiel siguen los estereotipos al 100%. Es verdad que hay algunas chicas desvergonzadas o liberadas que de pronto dicen: yo me he follado a media ciudad, porque el sexo es bueno y natural . Pero, ¿eso es una liberación, es una ventaja, es un progreso?", se pregunta el sociólogo.

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