
Fotomontaje de la plaza Pormetxeta, en Barakaldo.Foto: xpiral arquitectura
donostia. El comercio en la planta baja, la consulta del abogado o del médico en la segunda, más arriba una pequeña empresa de informática... y encima de todos ellos, viviendas. En otras palabras, combinación de actividades. Mezclar usos residenciales con sociales, culturales, económicos y hasta deportivos. Ésa es la fórmula que plantean los arquitectos para dar solución a la poca sostenibilidad del actual modelo urbanístico y a los problemas de suelo con los que se está encontrando la industria. Parte de esta última, explican los profesionales, tiene sitio en los núcleos urbanos. Los polígonos de empresas, de hecho, tienden a desaparecer o a quedar destinados sólo a la industria más pesada. La otra tiene o puede tener cabida en la ciudad.
Numerosos países están desarrollando en la actualidad proyectos basados en esa propuesta. Algunos de ellos, bastante más innovadores que el mencionado en las primeras líneas de este texto. "En un viaje reciente a Seúl pude ver un edificio en el que había, además de un campo de fútbol, centros comerciales en las ocho primeras plantas y viviendas en las 15 siguientes. Hoy en día no se necesita hacer una ciudad extensiva zonificada, es decir, con las viviendas por un lado, la industria por otro y los comercios por otro. Ahora, con el nivel de industria limpia que estamos generando, la ciudad puede estar en estratos. Es un invento que nació en Chicago y Nueva York a finales del siglo pasado. Gimnasios, teatros, oficinas, casas... Todo en un mismo edificio. La tendencia es ésa, diversificar los usos", asegura Eduardo Arroyo, arquitecto del estudio Nomad y partícipe en las jornadas Babel de este sector, que se están celebrando en Donostia.
La cuestión es saber qué tipo de industria puede tener cabida en los núcleos urbanos. "Hay compañías que fabrican microchips que ni se oyen. No generan ruido ni contaminación y son, aunque grandes almacenes, mucho más limpios que nuestras casas. Esos sectores pueden ser perfectamente combinables con cualquier uso de los de la vida diaria. Evidentemente, una producción de acero de altos hornos o una papelera no tendría cabida, pero hay una combinación de muchas estructuras industriales que pueden estar perfectamente asumidas en mitad de la ciudad. Tendría que haber un instrumento de gestión que decida cuáles son las industrias que son susceptibles de estar cerca de nosotros. Pero, por ejemplo, una empresa de microchips puede estar debajo de una catedral", precisa Arroyo.
accesos Además de las actividades mencionadas, enumera otros posibles inquilinos de ese centro urbano, como las fábricas de televisores, las de electrónica o las alimentarias. "El único problema de las industrias es su abastecimiento. Tienen que estar pensadas para que los accesos sean posibles. Cómo dar de comer a esa empresa a la que le tienen que llegar mil toneladas al día", explica.
En ese mismo sentido se expresa Iñaki Begiristain, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de Gipuzkoa. "Lógicamente, no es lo mismo una refinería que un taller de carpintería", apunta. Según señala, la presión por falta de suelos ha expulsado a empresas entre minoritarias y mayoritarias al extrarradio de muchas ciudades, si bien muchas de ellas son reinsertables en áreas urbanas. "En París hemos podido ver edificios urbanos de cuatro o cinco plantas que, mediante montacargas y espacios para realizar maniobras, se han conseguido integrar en zonas urbanas. En algunos casos, incluso, con edificios mixtos, mezclando talleres, viviendas, centros cívicos o áreas deportivas".
polígonos diferentes Los parques industriales al uso no se escapan de esa necesidad de cambio. "Tienen que reinventarse por varias razones", explica Javier Peña, de Xpiral Arquitectura. Cita, como primera causa, el cambio existente en los sectores económicos, que debe suponer también una modificación de los usos del suelo. "Se está produciendo un desplazamiento desde los sectores primario y secundario hacia el terciario. Un ejemplo es el de Altos Hornos de Bilbao, donde la industria pesada es ahora mucho menor. La ría se ha transformado en un lugar con otro tipo de cosas que, si bien son de la economía de mercado y están vinculadas a la producción, ya no son tan grandes. Las zonas en las que estaban los polígonos tienen otros usos y empiezan a ser diferentes".
Una segunda causa de la reinvención que deben experimentar los polígonos es la necesidad de aprovechar más los suelos que ya están ocupados. "Hay fábricas que trabajan a medio gas o están ya abandonadas, pero que ocupan lugares buenos, cercanos a ríos y a grandes nudos de infraestructuras. Todos esos espacios son susceptibles de ser transformados en viviendas o en nuevos equipamientos y sistemas productivos vinculados a la sociedad del conocimiento", indica Peña.
Son susceptibles de ser transformados porque, además, no hay mucho más suelo. La industria sigue creciendo y no tiene dónde, por lo que parece imprescindible aprovechar las áreas ya construidas. "En lugar de generar nuevos suelos industriales, se puede densificar el que ya existe o, si no, combinar esos usos con otros. Por ejemplo, con elementos comerciales o deportivos", asegura a ese respecto Begiristain.
Explica, por ejemplo, que una instalación deportiva puede ser complementaria, "incluso en horario", de otra industrial. De esta forma, si se construyen infraestructuras y aparcamientos para un polígono industrial, éstas podrían ser aprovechadas el fin de semana por un equipamiento deportivo próximo. De lo contrario, toda esa inversión sería desperdiciada los días festivos.
Begiristain lamenta que en Gipuzkoa, con los problemas que hay, se cometan "aberraciones" como los aparcamientos inmensos de algunas áreas comerciales. "No digo que sea irracional, porque una lógica es la que ha llevado a ello, pero quizás hay que replantearse ese modelo. Y pensar, por ejemplo, en aparcamientos en altura o en la combinación de usos. No estamos planteando ciudades verticales de 700 metros, pero entre eso y el pabellón de diez metros hay un margen amplio", concluye.
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