
Donostia. "Si supiera hablar, no cantaría". Mikel Laboa ha citado alguna vez esa frase -propiedad de una bailarina, que también prefería expresarse con los pies, según explicó en una ocasión- para defender que lo que él quiere comunicar, lo hace a través de la música. No obstante, probablemente, estaría de acuerdo en que su semblanza la completasen, entre nota y escala, amigos y compañeros de oficio como Benito Lertxundi, Jabier Muguruza o Iñaki Salvador.
"Es un maestro. Antes de ser su amigo, era su seguidor", subraya Muguruza, para quien "independientemente de que te guste más o menos, uno se da cuenta de que detrás de todo lo que hace Mikel hay una gran verdad".
"Posee una voz personal no sólo en el sentido literal de voz", explica. "Su trayectoria es coherente y creíble. Un amigo común dice que es de los artistas que no han vendido su alma". Muguruza, compañero de cenas habituales y largas conversaciones con el cantautor, el pintor José Luis Zumeta, el escritor Bernardo Atxaga o la propia Marisol Bastida, entre otros, recuerda que en el concierto que se celebró hace dos años en La Zurriola, "algunos medios presentaron a Laboa como telonero de Dylan. Para mí fue un concierto de dos grandes".
el pudor del músico El cantante oriotarra Benito Lertxundi, integrante como Laboa del movimiento Ez Dok Amairu, señalaba ayer que Laboa constituye "una referencia clave en la canción vasca" y "naturalmente tiene merecida" la Medalla de Oro de Gipuzkoa. "Laboa es un tipo muy fiel a lo que piensa, a los que cree, una persona íntegra".
Musicalmente, Lertxundi analiza la trayectoria de Laboa como "un hombre que viene de la música tradicional pero que también, como en la etapa de Lekeitikoak , rompe los esquemas tradicionales, bajo el recuerdo del bombardeo de Gernika, que recuerda desde niño".
El pianista donostiarra Iñaki Salvador, intenso colaborador de Laboa en el último cuarto de siglo, se enteró del premio de su amigo por un mensaje de este periódico en su contestador. Al minuto, recibió una llamada del propio Laboa quien, sin embargo, le propuso alguna cita para luego pasar el teléfono a su mujer quien confirmó finalmente la "feliz" noticia a Salvador. "Mikel es muy pudoroso, d estas cosas no habla".
El pianista destacó, entre todas las cosas, "la honradez creativa" del cantautor. "Gente importante en la música hay mucha, pero Mikel ha trabajado sin ninguna pose ni impostación artística. Se ha escuchado mucho a sí mismo y ha sido coherente, más allá del sentido de la oportunidad".
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