
El psiquiatra Ignacio Galliano, de Gautena, junto al cartel de la nueva campaña del autismo.Foto: irati cacharro
Donostia. De las 426 personas afectadas por algún Trastorno del Espectro Autista (TEA) que atiende la asociación Gautena en Gipuzkoa, la mitad es mayor de 18 años. Tal y como reza la campaña que ha puesto en marcha este año la asociación con la colaboración de la Diputación de Gipuzkoa y la Obra Social de Kutxa El autismo se hace mayor .
Cuando el niño crece, "sigue padeciendo esta discapacidad y, por ello, los adultos con autismo continúan necesitando ayudas para vivir durante la madurez", señaló ayer Juan Ramon Larrañaga, director de Atención a la Dependencia, durante la presentación de la campaña.
Bajo la premisa de desmitificar el autismo como enfermedad infantil, Gautena ha decidido celebrar su 30º aniversario "trabajando" en nuevos proyectos, entre ellos esta campaña. "El concepto de autista se asocia con los niños, pero éstos van creciendo", incidió Blanca Aranguren, miembro del colectivo y madre de un afectado. Con los años, algunos adquieren cierta autonomía, pero son "los menos", señaló Aranguren.
"Hay un 10% que puede adquirir la autonomía suficiente para, con un apoyo externo, introducirse en el mundo laboral o incluso conseguir una vivienda. Pero otros muchos, la mayoría, necesitan más ayuda cuando llegan a la vida adulta", manifestó.
Por su parte, el psiquiatra y responsable técnico de Gautena, Ignacio Galliano, explicó que los autistas desarrollan un proceso evolutivo paralelo al de una persona ordinaria. "De 0 a 20 años es la etapa de aprendizaje, de 20 a 50 años llegan a la madurez plena en la que crearán una familia o ejercerán una profesión, y entre los 50 y los 60 años llega el repliegue en lo profesional y en la salud. Hay que tener en cuenta que una persona con autismo no es capaz de identificar sus dolencias y, por tanto, es en ese momento cuando va a necesitar cerca de ella a alguien", destacó el psiquiatra.
Galliano aclaró que no se puede hablar del autismo como una única enfermedad. Por un lado, hay personas que, por así decirlo, "rozan la normalidad". "No tienen una limitación intelectual, pero sí una gran rigidez para comunicarse", explicó. Este diagnóstico responde al Síndrome de Asperger. "Antes era excepcional que una persona con autismo pudiera trabajar. Ahora ya no lo es y nosotros seguimos soñando con que personas con el trastorno de Asperger puedan integrarse en la universidad", aventuró el psiquiatra. En el otro extremo del autismo se sitúan aquellos que tienen también un "retraso mental".
Asimismo, Galliano aseguró que, hoy en día, es difícil que haya casos sin diagnosticar en Gipuzkoa, porque los "ámbitos donde aparecen, como son la sanidad y los colegios, cuentan con gente muy formada".
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