
Johnny Rotten, de Sex Pistols, en una de sus habituales muecas.Foto: Jaizki Fontaneda
Vitoria. Tercer y último día del Azkena Rock Festival y el ambiente a primera hora se notaba cansado. A eso se le unió que en un certamen donde ya habían estado el sol, las nubes y la lluvia sólo faltaba el viento norte y, por tanto, el frío. Pero éste tampoco quiso perderse la fiestas, así que a media tarde era difícil ver a alguien en camiseta. Lo único que podía levantar aquello era una serie de conciertos de esos que reconcilian a cualquier con el mundo y de eso, ayer en Mendizabala, hubo mucho y de calidad.
La cabeza aún estaba en la recta final de esta segunda jornada protagonizada por los Sex Pistols en lo que, si nada cambia, fue su último concierto de la presente gira de reunificación -¿habrá más?-. La actuación tuvo su miga, tanto en el fondo como en las formas.
En lo primero, el show de los Pistols está muy bien montado. Sonido potente; un set list que el personal se conoce al dedillo porque, entre otras cosas, no es que el grupo tenga muchas canciones; una puesta en escena sencilla pero consistente... En definitiva, un concierto más que aceptable más allá de que el paso de los años se note. Es más, Steve Jones, Glen Matlock y Paul Cook (impresionante a la batería) tuvieron momentos realmente grandes. Sería interesante verles a ellos solos, sin la rémora de Rotten. El problema es: ¿y dónde estuvo el punk? Temas que en realidad no llegan casi a los dos minutos terminaron sonando seis, hubo demasiados parones y Rotten, que consultó continuamente el libro con las letras, se empeñó demasiado en hacer juegos corales con el público.
Después estuvo el tema de las formas. Aquí hay que señalar varias cosas. La primera, que a Johnny le lanzaron un teléfono móvil que le impactó en plena cara. El golpe estuvo cerca de costar la suspensión del concierto. La segunda, que Rotten se empecinó en cambiar de nombre a Gasteiz y lanzar vivas a España, hasta que, con muy buen criterio, Matlock le recordó que estaban en Vitoria y que dijese algo de los vascos. La tercera, que en contra de lo que hicieron Blind Melon mencionando a la memoria de Shannon Hoon, de Sid Vicious ni palabra.
dúo excepcional Ayer también hubo momento legendario, con el señor John Cale, un maestro. Tuvo su momento jazzero, sus guiños al pop y su lado más rockero. Lo hizo casi todo sin despeinarse. A sus acompañantes les faltó aportar algo más a la actuación, pero en líneas generales, el cantante, compositor, pianista y guitarrista demostró que donde hay calidad y ganas por investigar que se quite todo lo demás.
Es cierto, no obstante, que el ritmo había bajado un poco con Cale sobre el escenario grande. Pero para remediar eso ya estaba Orange Goblin, en lo que fue el estreno del grupo británico no ya en el Azkena Rock Festival, si no también en el Estado.
Otra vez con el espíritu arriba, llegó el turno del ex Guns and Roses y actual miembro de Velvet Revolver, Duff McKagan y su Loaded. El combo empezó un poco frío y con un sonido un tanto malo. Pero fueron de menos a más y, en realidad, todo terminó cuando mejor lo estaba haciendo el grupo, con bajada de McKagan al público incluida.
En esto que sin casi darse cuenta (entre concierto y concierto no transcurrían ni dos minutos) llegó un dúo que ojalá dure mucho. Mark Lanegan y Greg Dulli son dos pesos pesados por separados. Juntos, la cosa se multiplica. Una pena que sólo tengan un disco en el mercado porque lo suyo es para disfrutar
Para cerrar la tarde-noche, se degustó la reunificación de la mejor formación de The Jayhawks. La mera presencia de Mark Olson valió la espera. Sonaron sus mejores temas, los que hicieron grande a la banda de Tomorrow the green grass .
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902