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el topo
DICE el tópico que Donostia es una ciudad de postal, bella pero plana. La firme oposición de sus habitantes a acatar esa acusación de superficialidad no deja de ser una pérdida tiempo. Plantarle un pulso a los tópicos populares es un esfuerzo inútil, porque esos lugares comunes tienen la mala costumbre de ser verdaderos como puños. Aceptémoslo, dedicarle tanto tiempo a salir guapos en la foto incomparable hace que olvidemos trabajar otros páramos, sean los que sean. Es lógico, pues, que en una ciudad donde el preciosismo es una cuestión de estado, surjan manifestaciones subversivas al quedabien institucional, mentes malpensantes que desean esputar en su inmaculada fachada. El problema es que el aletargamiento donostiarra afecta también a sus antisistema, a los rebeldes con causa y culturetas urbanos. Así lo demuestran los poco imaginativos graffitis que decoran nuestras calles. No hay poesía visual, no hay humor, ni rabia, ni sexo, ni denuncia, ni mensajes que inviten a una reflexión tonta. No hay nada. El 99% de las pintadas en spray -exceptuando obviedades abertzaloides- son simplemente firmas, falsos alias que suscriben el vacío, rúbricas de impostura yankee sin estilo ni fondo donde fondear. Y uno se pregunta qué distingue esa pintada antiestética de un meo en vía pública. Ambos sirven para marcar territorio, molestan a los sentidos y su eliminación requiere de un desembolso económico importante, que en muchos casos corre a cargo del malogrado pequeño comerciante y/o la comunidad vecinos. Para estos últimos, me permitiré la osadía de darles un consejo: si desea que el Ayuntamiento borre el graffiti de su fachada o puerta, incorpore las letras O, D, O y N al conjunto, verá qué pronto llega la brigada de limpieza al rescate. Si no fuera así, añada un feo apelativo tras las cuatro letras y le enviarán al mismísimo mayordomo del algodón escoltado por Don Limpio. En uno de los casos más recordados, el de las pintadas de Urgull imputadas al presidente de la Asociación de Defensa del Patrimonio -que casualmente no estaban firmadas-, fueron raspadas las alusiones al alcalde y hosteleros, mientras persistían las que importunaban a ediles de otras siglas. ¿Casualidad, intención o déficit de jabón? Sea como fuere, lo inquietante es que la Policía Municipal aseguró que las pruebas acusatorias contra García Velilla eran fruto de una ardua investigación. Y así el tráfico de la ciudad sigue incontrolado, mientras ellos siguen jugando a CSI Donosti.
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