
Gerardo pugna por un balón con Paredes, en el partido de Copa del pasado miércoles.
El del Zaragoza ha sido posiblemente el descenso más inesperado de la Liga desde que el Atlético de Madrid bajase a los infiernos hace diez temporadas. Hicieron una plantilla para intentar el asalto a la Champions , y se encontraron de bruces con una caída en picado que nadie esperaba. Al final del camino les esperaba abierta la puerta que ningún equipo de Primera quiere cruzar: la de Segunda.
Pero les ha llegado la hora de levantarse. Aunque en las últimas horas del cierre del mercado se quedaron sin tres de sus mejores jugadores en nómina, Diego Milito, Sergio García y Peter Luccin, el club aragonés ha conseguido los servicios de uno de los entrenadores revelación de las últimas temporadas, Marcelino, que llegó a soñar con Europa cuando entrenaba al Recreativo de Huelva, y que logró clasificar, por primera vez en su historia, al Racing de Santander para la Copa de la UEFA.
No estará solo. Tal y como anunció al principio de esta semana el entrenador asturiano, tienen la mejor plantilla de la categoría y, pese al traspiés que supuso la derrota ante el Levante en el debut liguero y la eliminación copera por parte de la Real el miércoles, el Zaragoza es el máximo candidato al ascenso; ni los más escépticos ponen en duda que puedan conseguirlo, pero la Segunda División siempre depara sorpresas.
No siguen algunas de las figuras que el año pasado se estrellaron en Primera, pero sí se han quedado Ayala, Diogo, Paredes, Pavón, Zapater, Oliveira o Ewerhon, entre otros. Unos nombres que podrían estar perfectamente en la máxima categoría en lugar de intentando recuperar el prestigio del club aragonés.
A esta lista de los que siguen hay que sumar una serie de fichajes de suficiente calidad como para no pasar desapercibidos en Segunda, como son Pulido, Caffa, Jorge López y Arizmendi. Con la suma de todos estos efectivos se puede decir que cualquier cosa que no sea subir sería una sorpresa en este Zaragoza.
A repetir la fórmula
La impaciencia les condenó
No es la primera vez en la reciente historia de este club en la que se encuentran, de la noche a la mañana, en las puertas del infierno. En la temporada 2001-2002, pasó lo inimaginable para la afición maña. El equipo, que dos años antes había rozado acceder a la Liga de Campeones (fue cuarto con Txetxu Rojo en el banquillo), descendía como colista. Tan sólo tardó una temporada en recuperar su status perdido.
Tras aquel mal sueño, el Zaragoza quiso volver a ser grande, y su ímpetu por querer estar en la zona alta terminó con él. Se vio a mitad de temporada en tierra de nadie, cuando sus aspiraciones eran muy altas, y eso fue minando poco a poco su moral. La afición se impacientó y eso no ayudó nada a los jugadores, que no lograron darle la vuelta a la espiral descendente en la que se habían metido.
Ahora deberán repetir la fórmula del éxito que les llevó a recuperar el hueco perdido en Primera hace cinco años. En aquella temporada les quedó claro que no es tarea fácil ascender. Arrancaron algo dormidos, y les costó doce jornadas alcanzar por primera vez los puestos de ascenso.
Tras pisar la zona que daba acceso a Primera, el conjunto maño sufrió a mitad de temporada una pequeña crisis de resultados que le relegó durante unas cuantas jornadas al cuarto lugar, fuera de los puestos de ascenso. Supieron apretar los dientes en las últimas jornadas y aprovecharse de un Levante que realizó un pésimo sprint final para subir a Primera a falta, aún, de dos jornadas para el final de liga.
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