
Donostia. Como les suele encantar a los entrenadores, nadie acertó la alineación que dispuso Juanma Lillo. El tolosarra apostó por un once sin duda sorprendente, en el que destacaba sobremanera la falta de un delantero puro. Los tres defensas ya se conocían del partido del sábado, aunque en esta ocasión cambió los cromos con la entrada de Carlos Martínez y Ansotegi. En el centro del campo, el triángulo. Elustondo ejerció de pivote, flanqueado por Gerardo y Aranburu; las bandas eran para Estrada y Moha, y arriba, en muchas ocasiones alineados como dos delanteros, Sergio y Marcos.
La Real se sintió cómoda en todo momento, salvo cuando intervenía Ansotegi, quien sufre mucho con el balón y abusó de las cesiones a Zubikarai, sobre todo porque se trataba de su estreno. Sergio desequilibraba cuando bajaba a recibir, con intervenciones de calidad al primer toque, y Elustondo y Aranburu no pedían el balón, un aspecto a tener en cuenta sobre todo después de lo visto ante Las Palmas.
Con la entrada de Xabi Prieto, el equipo adquirió mayor desequilibrio y profundidad. Nada más iniciarse la segunda parte llegó el tanto de un Marcos que no se esconde nunca. Después llegó la exhibición de Prietinho , con una maniobra que si la llega a hacer Ronaldinho o Robinho la estamos viendo en todos los telediarios. En la segunda, el desorden ordenado de la Real permitió el brillo de Carlos Martínez, que se multiplicó en los despejes, y de Estrada, que no paró de saltar, luchar e incordiar.
No es cuestión de sistemas, el tema estriba en que esta Real tiene alma. En Zaragoza otra vez 3-4-3.
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