
crítica > quincena musical 2008
ciclo auditorio
Intérpretes. Measha Brueggergosman (soprano), Orquesta Filarmónica Checa, Manfred Honeck (director). Programa. R. Strauss: 'Segundo vals de Die Rosenkavalier, Op. 59'; 'Cuatro últimos lieder, Op. 27'; 'Una vida de héroe, Op. 40'. Fecha y lugar. 31/09/08. Auditorio del Kursaal. Donostia. Incidencias. Lleno total. La soprano salió a cantar descalza. La orquesta ofreció a modo de bis la 'Danza Eslava nº 1' de A. Dvorak y 'Serenade' de J. Haydn.
Enfrentarse a los Cuatro últimos lieder del compositor alemán Richard Strauss es algo que no suelen hacer con frecuencia muchas sopranos, dadas las dificultades técnicas que conllevan. Se trata de cuatro magistrales piezas cuya interpretación debe sobrepasar lo puramente técnico, lo académico, para poder exponer con voz los sentimientos que transmiten los textos tan estupendamente orquestados por el compositor alemán.
A través de Frühling (Primavera), September , Beim Schlafengehen (Al ir a dormir) e Im Abendrot (Al atardecer) se suceden melodías de una densidad tan envolvente que la voz debe saber acoplarse perfectamente al todo orquestal, y de un modo mesurado exponer suficientes dotes como para que el oyente pueda dejarse llevar. La interpretación de la soprano de moda Measha Brueggergosman, lejos de defraudar lo más mínimo, sorprendió y encandiló gracias a una musicalidad enorme y una versatilidad vocal destacable.
Aunque resulte odioso hacer comparaciones, nos recordó inevitablemente en ciertos pasajes a grandes predecesoras como Leontyne Price o Jessye Norman, también sopranos de raza negra, y con un color vocal parecido al suyo.
La canadiense, que cantó descalza, hizo gala de una voz de atractiva carnosidad en los registros medios, poderosos agudos y graves tendentes a un color de mezzosoprano tan característicos en sopranos como ella.
Largos e intensos fraseos dominaron su trabajo destacando en Al acostarse , donde alternó con el solo del concertino, que no pasó de la mera corrección, y en Al Atardecer donde cantó todo el tiempo a mezzavoce.
Si bueno fue el trabajo de la soprano, el de la orquesta checa, a pesar de que mantuvo un nivel altísimo, no cuajó tanto como en la interpretación de laSinfonía nº 1 Titán de Mahler de la velada anterior.
En esta ocasión Honeck volvió a mostrar una batuta ágil y dinámica, sobre todo en el segundo vals de Die Rosenkavalier, Op. 59 , pero sin llegar a la excelencia en el poema sinfónico Una vida de héroe, Op 45 , donde aún y todo, el cuerpo de violines volvió a sonar estupendo y con brillo el de los metales, logrando el conjunto orquestal grandes matices sonoros allí donde el maestro los exigió.
Hubo dos bises, los mismos de la noche anterior, la Danza Eslava nº 1 de A. Dvorak y Serenade de J. Haydn, que sonaron también estupendos.
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