
El director del Coro Easo, Xalba Rallo, la directora artística del espectáculo, Larissa Gergieva, y el maestro Tugan Sokhiev, ayer.Foto: ainara garcia
Donostia. Fanny Dürbach, de origen suizo, fue la institutriz de Piotr Illich Tchaikovsky en sus primeros años. A Dürbach siempre le fascinó -y preocupó- el carácter hipersensible del compositor ruso, al que las reprimendas le afectaban hasta el punto que se ganó el apelativo de "criatura de porcelana".
Esa fragilidad no le abandonó a lo largo de su vida, algo que se reflejó en las sucesivas depresiones que padeció y, por supuesto, en su música. La sinfonía en la que, según declaró él mismo, volcó "toda su alma", la sexta, ha pasado a la historia con el sobrenombre de La Patética.
Sin embargo, su última ópera, Iolanta , que también fue compuesta en el ocaso de su vida, aunque no escapa de la inspiración trágica, se reconcilia con la existencia a través de un desenlace positivo. El maestro Tugan Sokhiev subrayó ayer, en Donostia, esta peculiaridad: "Aunque es una ópera de Tchaikovski no es triste; tiene su punto de tragedia pero con final feliz".
Quizá en la elección de esa solución pesara la identificación del autor con la protagonista, sobre la que se ha especulado ampliamente en la literatura musical. Tchaikovsky era homosexual, lo que le llevó a aislarse y ocultar su condición y forma de vida a la sociedad de su tiempo. Iolanta, por su parte, es ciega y en su entorno -un reino francés de mediados del siglo XV- la sobreprotege para que no descubran su enfermedad.
El resto, la historia de amor y la salvación mágica de la princesa de Provenza -basada en un libreto de Modest Tchaikovsky, hermano del compositor, inspirado a su vez en el drama La hija del rey René del poeta danés Henryk Hertzla-, lo cuenta esta tarde una prestigiosa formación francesa, fundada a principios del siglo XIX: la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse. Sokhiev, su titular, uno de los directores de orquesta más destacados de la nueva generación, sostendrá la batuta, que también ordenará los movimientos de los diez solistas del Teatro Mariinsky de San Petersburgo y más de 50 integrantes del Coro Easo.
El maestro ruso describió la ópera, una de las menos difundidas de Tchaikovsky -de hecho, es su estreno en la capital guipuzcoana- y que ha suscitado gran interés en la Quincena, como "muy hermosa" e insistió en su brevedad -sólo tiene un acto lo que, unido a su concepto escénico, remite a la ópera italiana- y en su cierto aire alegre. "Es una de las óperas más felices, en las demás todo el mundo muere y acaba triste", bromeó Sokhiev, quien no disimuló su complacencia por encontrarse en el festival donostiarra. "Es uno de los festivales más prestigiosos de Europa", recordó el maestro, que elogió también la labor de Larissa Gergieva, directora artística de la ópera, que se ofrecerá en versión concertante, y preparadora de las voces de los diez solistas del Teatro Mariinsky.
un coro profesional Gergieva destacó el trabajo de tres de estos cantantes. La joven soprano Liudmila Dudinova, que debuta en el rol de Iolanta, es "una promesa consagrada con proyección internacional". De Edem Umerov, que hace las veces de médico árabe, subrayó que tiene "ante sí un papel complejo y difícil", que él resuelve con "expresividad y calidad". Y sobre el barítono británico Garry Magee, que encarna a Roberto, la directora artística aseguró que "gozaremos con su bella aria".
Larissa también reservó piropos para la cuota guipuzcoana en el concierto: la participación del Coro Easo. Consideró una "suerte" colaborar con su director, Xalba Rallo, y mostró su grata sorpresa porque el coro se ha comportado como una formación "profesional". "Ha sido un trabajo duro y han realizado un gran esfuerzo estos dos últimos días", destacó.
Las voces de 57 miembros del Coro Easo, dirigidas por Xalba Rallo, compondrán el séquito del rey -los hombres- o ejercerán de amigas o sirvientas de la princesa. "Es una intervención breve pero muy importante", indicó Rallo, quien agradeció a la Quincena "la oportunidad concedida y la confianza depositada" en la formación donostiarra.
"Trabajar con Larissa (Gergieva) ha supuesto una experiencia extraordinaria, han sido dos días muy intensos", reconoció el director del Coro Easo que se despidió conmovido: "Es un honor".
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