
Retrato del pianista Javier Perianes .Foto: quincena musical
Donostia. Sus cálidas palabras desprenden entusiasmo por la música. Es consciente de que el destino le ha deparado una grata sorpresa y celebrará su 30 cumpleaños tocando en el Merkin Concert Hall de Nueva York a finales de este mes. Pero, antes, le espera el reto de hoy.
¿Qué significa para usted debutar en la Quincena Musical junto a la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Coral Andra Mari?
Es uno de los festivales que están más en boga y significa debutar a lo grande. Es todo un honor y un privilegio que siento y asumo como un verdadero regalo y como una oportunidad extraordinaria para presentarme en uno de los festivales más prestigiosos.
Es la primera vez que coincide trabajando con la OSE, pero seguro que tendrá referencias de la formación.
Claro, es una orquesta extraordinaria. Ya lo he podido comprobar con motivo de los ensayos. La formación se encuentra en estado de forma, con un sonido realmente interesante y de grandísimo nivel; es lo que comentaba con parte de los responsables, que es una orquesta que tiene muchísimo potencial y que merece la pena que eso se sepa fuera de las fronteras del País Vasco.
¿De qué repertorio disfrutará el público que acuda a la cita del Kursaal?
En lo que respecta a mí, la primera parte consiste en una una obertura de Jesús Guridi y, a continuación, interpreto Concierto para piano nº2 de Sergei Rachmaninov, uno de los conciertos más famosos de la literatura para piano y orquesta. Se trata de esos conciertos míticos, que son conocidos por todo el gran público, que incluso han inspirado, e ilustrado alguna que otra película en Hollywood. Es un concierto de gran dificultad mecánica, pero de un aliento romántico absolutamente indescriptible y una belleza inconmensurable.
Destacan de usted que, pese a su juventud, es un músico de gran madurez. ¿Cómo ha sido su trayectoria?
Pienso y siento que, gracias a Dios, todo ha sido como debía serlo, nunca he sentido que nada me atrape ni me angustie. Siempre he sentido que todos los pasos han sido graduales, todos han venido en el momento en el que tenían que venir y asumo toda mi trayectoria de una manera muy natural, he dado pasos cortos, pausados y asimilables. No considero que en mi trayectoria haya nada meteórico. Cuando me pregunta alguien cuándo decidí tocar profesionalmente, contesto que nunca he tomado esa decisión. Las cosas han ido viniendo como el destino ha ido queriendo, me he limitado a trabajar de la manera más honesta posible y me encuentro en este momento y en este lugar. Tampoco sé si he llegado a un punto o no he llegado a un punto, porque no me gusta examinar en el momento en el que me encuentro. Simplemente me gusta disfrutarlo y seguir trabajando.
A lo largo de sus años de formación, ¿alguno de sus maestros le ha dejado una huella especial?
Muchísimos pianistas te dejan muchísimas huellas. Mis profesores han sido grandes ilustradores de mi manera de entender el piano. He tenido posibilidad de acercarme a grandes maestros como Daniel Barenboim, Alicia de Garrocha, Richard Goode y Joaquín Soriano. Todos han sido maestros que no han hecho nada más ni nada menos que aportarme, enseñarme diferentes maneras de ver las cosas y entender la música. Al fin y al cabo, uno recibe más cuanta más capacidad tiene de admirar y de aprender de otros.
Su último trabajo discográfico se centró en Schubert. ¿Es uno de sus compositores predilectos?
Mi predilección es por la gran y la buena música e indiscutiblemente en el caso de Schubert es innegable que estamos ante uno de los compositores y creadores más geniales de la historia de la música. Es una música con la que me siento muy agusto, muy feliz, y me parece una música de primerísimo nivel. Por eso me acerqué a él. Es el segundo trabajo discográfico que he hecho para Harmonía Mundi. Schubert es un compositor absolutamente magistral, profundo, muy poco dado al alarde pirotécnico y mecánico, pero muy proclive a ese tipo de música metafísica y trascendental que de vez en cuando no nos viene mal escuchar.
¿Tiene otro trabajo discográfico entre manos?
Sí. Para el año que viene hay otro proyecto discográfico, también con Harmonía Mundi. Tenemos un compromiso futuro y estamos preparando proyectos para el año que viene. Se ha definido que se va a grabar el próximo año en Berlín, pero todavía estamos precisando el repertorio al que vamos a acercarnos esta vez.
Lopez Cobos, McCresh, Petrenko, Barenboim. Ha trabajado con infinidad de directores. ¿Cada uno tiene sus particularidades?
Musicalmente puede haber puntos en común entre unos y otros, pero a la vez todos son diferentemente fascinantes, porque a un director lo marca su formación pero también su personalidad. Las personalidades no son comparables en ningún caso y cada uno tiene su particular visión de una obra e incluso de la vida, porque no podemos deslindar ambas líneas. Siempre recibes aportaciones realmente interesantísimas de todos y cada uno de ellos. Es un verdadero placer y una oportunidad extraordinaria poder conocer a muchos maestros de diferente estilos y de diferentes escuelas y formaciones.
¿Es la primera vez que toca a las órdenes de Andrey Boreyko?
Sí, es la primera vez que trabajamos juntos. Los ensayos han sido extraordinarios, es un maestro imaginativo con un trato exquisito. Es un acompañante de lujo. Además, como músico ruso que es conoce a la perfección a Rachmaninov y recibo su aportación con agradecimiento y cariño.
¿Cuál es su próxima cita?
Mi siguiente compromiso es el concierto que ofreceré en el Merkin Concert Hall de Nueva York el próximo 24 de septiembre, el día de mi 30 cumpleaños. Lo celebraré tocando. Es una sala de cámara extraordinaria con una acústica preciosa. En noviembre visitaré a la Orquesta Simón Bolivar en Venezuela, cosa que me hace muchísima ilusión. Me aguarda un calendario muy apasionante, lleno de momentos que serán preciosos.
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