
La directora de Emakunde pide que los hombres se posicionen contra la violencia machista. Foto: a. bastida
vitoria.Un día sí y otro también mueren mujeres por violencia machista. ¿Qué se está haciendo mal?
Creo que estamos trabajando en la dirección correcta. Lo que ocurre es que nos enfrentamos a un problema de tal envergadura que ni la propia sociedad se imaginaba. La violencia contra las mujeres ha salido a la luz en los últimos años y todavía es desconocida. Es un tema fuerte y a la sociedad le duele darse cuenta de que está ahí. Por eso se ha dado un mecanismo de defensa en la propia sociedad negándose a aceptar que semejante lacra se dé en un gran número de nuestras casas.
¿Las políticas de igualdad están dando sus frutos?
Creo que están bien diseñadas. Lo que ocurre es que la violencia contra las mujeres es un problema tan enorme, tan enraizado en la propia sociedad que no se puede solucionar de un plumazo. Nos encontramos con una cultura androcéntrica, con unas formas de entender las vidas, las relaciones absolutamente anquilosadas y estereotipadas. Nos costará tiempo y mucho trabajo cambiar esta cultura. Y, por muy pesadas que parezcamos, no tenemos que dejar de decir que hay violencia porque existe desigualdad.
¿Qué se puede hacer contra la violencia hacia las mujeres?
Ir contra la desigualdad. Hay una serie de espacios que debemos analizar para conocer lo que está ocurriendo. A veces no se disponen de datos sobre estas cuestiones. De ahí la necesidad de estudiar qué es lo que hay en el fondo de la violencia hacia mujeres. Vamos por el camino adecuado, pero nos encontramos con un muro enorme. Un muro al que tenemos que saber cómo enfrentarnos y derrumbarlo con toda la batería de instrumentos necesarios.
¿La prevención es el mejor instrumento contra esta lacra social?
Es la educación. Nuestros niños y niñas tienen que aprender que hay una forma de relacionarse que está por encima de la violencia. Hay que educarles en el convencimiento de que nadie es dueño de nadie. Aunque es algo que en el discurso teórico parece estar claro, en la práctica diaria no lo está tanto.
¿Hay hombres que siguen entendiendo que son dueños y señores de sus mujeres?
Y mujeres que siguen creyendo que están sometidas a esos hombres. Mientras eso no cambie difícilmente variará todo el panorama de violencia que tenemos. Queremos que los hombres se posicionen claramente en la práctica contra la violencia hacia las mujeres.
¿Son conscientes del problema?
Tienen que sensibilizarse y concienciarse, no solamente en el plano teórico o etéreo, sino que deben dar el salto realmente. En la medida que podamos sensibilizar, concienciar a toda la población, en especial a los hombres -que son los que están haciendo ese daño, los que ejercen eso dolor- entonces podremos seguir cambiando los roles sociales impuestos a hombres y mujeres. Cuando nos encontramos con el sistema patriarcal, con semejantes costumbres, formas de entender las relaciones, el cambio no puede ser de hoy para mañana.
¿Se puede atacar el problema sin tener en cuenta los parámetros en los que se basa esta violencia?
Es lo que intentamos desde Emakunde. Trabajamos para que la sociedad no se mantenga con la venda en los ojos. Aquí hay un problema serio y lo que hay que hacer es dirigir los instrumentos a luchar contra la desigualdad en la que todavía vivimos las mujeres y el tipo de relaciones que el sistema patriarcal ha hecho que se establezca entre mujeres y hombres. Por aquí podremos ver los cambios.
¿Socializando a niños y niñas en valores que tengan que ver con el respeto a las personas?
Y con la no jerarquización, valorización en función del sexo con el que alguien nace. Se trata de problemas que tienen un calado mayor. También es preciso recordar que por cada mujer que están asesinando hay muchas más que se están salvando. Existen mujeres que no se mantienen en esa situación de sometimiento; que están saliendo y colocándose al lado contrario de la barrera. Es el caso de la Asociación de Víctimas de Maltrato. El que se organicen para defender sus derechos es importante. Como lo es que se hable en la calle, que se debata sobre este tema, si tenemos en cuenta que hace unos años esta violencia era tabú.
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