
De izquierda a derecha, de arriba abajo, obras de las compañías Rosa Martínez, El Tenderete, Erre Ke Erre, Txotxongillo, Behibi's y Deja Bu Panpina Laborategia, que se representarán a partir de mañana en el encuentro de titiriteros.Fotos: cedidas
Una mañana de enero de 1979, la compañía Txotxongillo tenía una representación programada en Alsasua. Las previsiones del tiempo no auguraban, precisamente, cielos despejados y, efectivamente, en Idiazabal nevaba copiosamente. Enkarni Genua y Manolo Gómez decidieron viajar y subir Etxegarate -cuando pasar este puerto era una odisea-. En el camino, acabaron por empujar su "destartalado" coche con niños a bordo incluidos. Por fin llegaron a la localidad navarra, donde les informaron de que la sesión se había suspendido por las condiciones meteorológicas y que se había avisado a todos... salvo a la propia compañía. La hospitalidad -les dieron de cenar enormes bocadillos de lomo, tazones de colacao y vino navarro- de los abochornados anfitriones por el despiste compensaron el disgusto.
Ésta es una de las anécdotas que recoge Bitxikeriak , el libro que, bajo el subtítulo de Andanzas de títeres y titiriteros de Unima Euskal Herria , relata las pequeñas historias de los artistas de la marioneta que, este fin de semana se reúnen en Sondika, bajo el paraguas del Txotxongilo Eguna que, en realidad, se desdobla en tres jornadas: mañana, sábado y domingo. Una de las joyas será, precisamente, la presentación de Bitxikeriak , un who's who , que explica quiénes son y qué hacen los maestros vascos del títere.
La cita, cuya primera edición se celebró en 2001, está organizada por la Unima, una asociación creada en 1984 que agrupa a la "mayoría" de las compañías de txotxongilos de Gipuzkoa, Bizkaia, Álava, Navarra, alguna de Iparralde, el Festival de Marionetas de Tolosa, artesanos del títere, escenógrafos y distintas personas vinculados a este arte.
Enkarni Genua, presidenta de Unima, cuenta en Bitxikeriak cómo se ablanda el corazón de los gendarmes centroeuropeos con el sonido de un cencerro, o cómo un peine de oro de Erreka Mari sigue funcionando, después de muchos años, como amuleto. Sus compañeros también describen sus "andanzas", varias de las cuales, por la perseverante vocación viajera de los titiriteros, están vinculados a episodios lost in translation . A La cabeza que habla en Argentina le tradujeron su Cabaret infantil por Puticlub infantil . La traducción, sin embargo, generó un buen recuerdo en la compañía Antzezkizuna, que entusiasmó al público griego por su guiño al idioma del país heleno. Y Corrado Masacci narra la historia al revés: el aprendizaje del euskera con dos profesoras insuperables, su mujer Lidia y su hija Amaia.
También figuran en el libro los encuentros emocionantes de Clota y sus disputas con madres "castradoras" o rebajaautoestimas . En el grupo Bihar, también notan la influencia familiar, pero de manera más positiva. Cuando visitaba la iglesia de Albaida, el hijo del responsable de la compañía vio la hilera de confesionarios, con sus cortinas moradas y exclamó: "¡Mira aita, cuántos teatritos !".
Y es que la relación de los vascos con las marionetas es ancestral. Si se rastrean orígenes de los títeres en Euskal Herria, además de las figuras de las fiestas de primavera, como el bobo de Otsagabia, el Miel Otxin y el Zaldiko de Lanz desde la Edad Media, en el siglo XVII, el escritor Mattieu de Montreuil constató que en Donostia, en el preámbulo de las nupcias de Luis XIV, en 1658, a los desfiles de gigantes, danzantes y pandereteros "seguían diez o doce máquinas pequeñas y gruesas llenas de marionetas". A principios del XIX, Wilhelm Freicher von Humbolt, en su obra Los vascos o Apuntaciones sobre un viaje al País Vasco , aporta una descripción similar de una romería en una anteiglesia próxima a Bilbao. Y en 1924, en las fiestas de Amezketa, "dos excelentes cómicos", José Egileor y Gregorio Beorlegi realizaban funciones de títeres.
La segunda mitad del siglo XX es la fase de la consolidación. El héroe Colorín recorre durante décadas plazas del País Vasco; la compañía Txotxongillo nace en 1971 y con él emerge el euskera en el escenario. Con la democracia, se fundan compañías como Kukubilxo, Retablo de Figurillas, Bihar, Cobaya, Corrado Masacci, algunas procedentes del territorio vecino del teatro. Los 80 será la década efervescente, respaldada por la creación del Festival de Marionetas de Bilbao (1982) y el Titirijai de Tolosa (1983).
A partir de la valiosa materia prima -"contamos con una rica literatura con leyendas y personajes, recopiladas principalmente por Barandiaran", recuerda Genua- y la ilusión de las compañías se puede concluir que los títeres vascos gozan de "salud, mejorable, pero salud al fin y al cabo", una situación que tendrá su rúbrica perfecta en el proyecto del Centro Internacional de Tolosa.
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902