
Kontxi Argaia y su marido, Guillermo Elsenaar, delante de su agroturismo, Arruan Haundi en el barrio Lastur de Deba.Foto: cedida
Donostia.¿Cuándo inauguraron el agroturismo?
Lo abrimos hace 20 años y desde hace 15 pertenecemos a la asociación de agroturismos. Al principio íbamos por libre, basándonos en las experiencias que conocimos en varios puntos de Europa trabajando como voluntarios. Decidimos hospedar sólo a amigos y conocidos, pero más tarde empezamos a abrir la casa a clientes.
¿Qué factores les impulsaron a sumarse a esta aventura?
Bruselas comenzó a conceder ayudas con el fin de mantener el mundo agroganadero y la Diputación de Gipuzkoa se puso en contacto con nosotros para preguntarnos si nos interesaba abrir un agroturismo como tal. Así que nos animamos.
¿Qué características tiene su casa?
Es un viejo caserío del siglo XVI que reformamos con nuestras manos. Mi marido era el oficial y yo el peón. Primero arreglamos nuestra casa y luego habilitamos la cuadra como una casa independiente que hoy sirve para acoger a seis personas.
¿Cuentan con ganado?
Al principio teníamos vacas de leche y ovejas y con su leche elaborábamos queso que vendíamos en el mercado. Pero cuando nuestras hijas se hicieron mayores optamos por cambiar las vacas por pottokas, que sirven para pasear a los visitantes. Ahora tenemos 100 ovejas y dos pottokas.
¿Qué ofrecen a sus huéspedes?
El casero ofrece la esfera del caserío. El olor, el ambiente y el trabajo de la casa, que es nuestra vida. Pueden estar viéndonos trabajar y muchos, sobre todo los que vienen de ciudades, se relajan.
¿Cuál es su público objetivo?
En los meses de invierno suele llegar gente de Basauri, Portugalete y pueblos de la zona, pero en verano vienen predominantemente europeos. Suelen ser matrimonios jóvenes con hijos, gente concienciada y amante de la naturaleza.
¿Qué evolución ha vivido el mundo del agroturismo de Gipuzkoa en los últimos años?
Ha habido una curva clara. Al principio se acercaba gente del entorno, pero a los 10 años hubo un aumento de personas que no sabían a dónde habían venido. Creían que esto era equivalente al plan de la playa y eso no nos gustaba, por lo que optamos por reducir la publicidad. Ahora hemos vuelto a las andadas con gente muy interesante.
¿Es el suyo un público elitista?
No. A nuestra casa viene gente que también se hospeda en hoteles y camping, pero aquí vienen sin corbata. Suelen ser personas con dinero que sienten presión del trabajo y desean descansar y desconectar. El agroturismo no está reñido con el hotel, pero aquí hay más libertad.
¿Cómo han percibido el aumento de la competencia?
Las casas han ido aumentando, pero deberíamos parar y centrarnos en mejorar la calidad de nuestras infraestructuras. No conviene masificar el medio rural porque esto no es la gallina de los huevos de oro.
¿A qué infraestructuras se refiere?
Nosotros invertimos en placas solares y bicicletas eléctricas porque nos hemos dado cuenta de que muchos foráneos vienen con sus bicis con la idea de pasear por los montes, pero éstos son demasiado altos. Premiaría la inclusión de bicicletas eléctricas y pottokas en vez de jacuzzis, porque es importante sentir el respeto hacia la naturaleza.
¿Qué diferencias tiene su casa respecto a otras más nuevas?
Muchas nuevas entran en una categoría de lujo en la que nosotros no estaremos nunca. Nuestro criterio es la sencillez, pero sin que falte nada. A fin de cuentas eso es el caserío.
¿Qué futuro tienen los agroturismos?
Su evolución ha de ir unida al respeto y mantenimiento del medio. Una premisa muy importante es el mantenimiento de la actividad agraria, que equilibra y cuida el medio. Pensamos que su gestión y protagonismo han de ser reservados a los agricultores y ganaderos de este país, que han demostrado tener suficiente sabiduría, paciencia y amor por nuestra tierra.
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