
Mikel Odriozola posa para este periódico sentado en un bidegorri del barrio donostiarra de El Antiguo, donde reside.
ocho años son muchos, una eternidad en la trayectoria deportiva de un atleta. En el caso de Mikel Odriozola es el tiempo que ha pasado desde los Juegos Olímpicos de Sydney en 2000 hasta el actual año, en el que el marchador de Errenteria volverá a la máxima cita para un deportista, este verano en Pekín.
En ocho años, Odriozola ha pasado de ser prácticamente un principiante en los 50 kilómetros marcha -ya que empezó a competir en esa distancia apenas tres años antes- a instalarse en la elite de la marcha, gracias a una serie de resultados muy sólidos en las últimas citas importantes: cuarto en la Copa del Mundo de 2006, quinto en el Europeo del mismo año, sexto en el Mundial de 2007 y quinto en la Copa del Mundo hace apenas una semana.
"Después de Sydney ni me imaginaba que estaría ahora haciendo marcha y volviendo a unos Juegos, pero la verdad es que físicamente estoy en mi mejor momento y estoy muy ilusionado", comenta un relajado Odriozola, recuperándose estos días del esfuerzo de la Copa del Mundo, antes de rememorar su actuación en Sydney'2000: "Había entrenado bien, pero física y psicológicamente me pudo todo y quedé en el puesto 24. En su momento no lo vimos como un buen resultado, pero ahora creo que hicimos un buen trabajo".
Habla la voz de la experiencia, la misma que ahora, ocho años después, le hace confiar ciegamente en sus fuerzas. "Excepto en los Juegos de Atenas, he participado todos los veranos en las citas importantes y en los últimos años he estado ahí, en la pomada. En la última Copa del Mundo reafirmé que estoy ahí, que puedo lograr una medalla, que es un objetivo realista, porque siendo sexto en el último Mundial y quinto en la Copa del Mundo, está cerca". El marchador de Errenteria quiere ir a por todas: "Es un año para arriesgar, porque me he asegurado la beca para el año que viene. Si sale bien, pues igual doy el bombazo . Por lo menos lo voy a intentar, son unos Juegos".
A Odriozola se le nota confiado en sus posibilidades. Tiene la base sólida que le dan sus 22 carreras sobre 50 kilómetros marcha, una cifra que le permite conocer bien la distancia y saber dosificar sus energías. "En la última Copa del Mundo, iba quinto y veía que venía un mexicano muy rápido. Igual te puedes poner nervioso y tratar de subir tu ritmo, pero yo me mantuve, porque sabía que él iba a pinchar, que es lo que pasó", explica el guipuzcoano, que ofreció el pasado domingo otro motivo para la esperanza: su cuerpo fue capaz de dar la vuelta a un mal momento, cuando en el kilómetro 20 algún avituallamiento le sentó mal y vomitó. Eso le hizo bajar al octavo puesto, pero se recuperó y finalizó quinto.
A pesar de ello, no acabó del todo satisfecho con su actuación, lo que da idea de su ambición: "Había entrenado para hacer una marca de 3 horas y 40 ó 41 minutos (su mejor marca personal es 3h41:47, lograda hace ya tres años). Estuve entrenando en Benicassim, con 26 grados y bastante humedad, y acabé muy contento". Precisamente ese ritmo es el que Odriozola piensa que puede dar una medalla en Pekín: "Con condiciones de calor y humedad, no va a haber grandes marcas y se puede incluso ganar con 3h40".
Los rivales los tiene claros, ya que no son muchos los que pueden optar a toda una medalla olímpica en una disciplina tan exigente como los 50 kilómetros marcha: "Habrá que pelear con los rusos (Nizhegorodov y Kanaykin), el australiano (Nathan Deakes), el italiano (Alex Schwazer) y el francés (Yohan Diniz), pero lo importante es que yo llegue bien".
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