
Parte de la barandilla de La Concha sobre la rampa de acceso a la playa.Foto: gorka estrada
donostia. Ni los más viejos del lugar recordaban algo así. Calles convertidas en piscinas, coches empotrados entre sí, farolas y balcones arrancados, sótanos a 100 metros de la costa absolutamente inundados, armarios llevados por la riada, comercios y bares destrozados... La fuerza del mar golpeó ayer sin piedad el litoral guipuzcoano y causó innumerables desperfectos, especialmente en su capital. Ni siquiera la emblemática barandilla de La Concha se libró de los efectos del temporal, que por momentos dejó una ola media de ocho metros y una máxima de casi once y medio en la costa, según los datos recogidos por Euskalmet en su estación de Pasaia.
No fue un oleaje mucho más alto que el de los últimos años -en 2007 ya se registraron alturas similares, próximas a los 18 metros, en alta mar-, pero su afección sobre los núcleos urbanos sí fue mayor. La coincidencia de las llamadas mareas vivas -cuando la Tierra, el Sol y la Luna se alinean- acentuó sus consecuencias y provocó una interminable sucesión de imágenes espectaculares, con la Parte Vieja donostiarra como principal perjudicada.
El Cantábrico decidió darse una tempranera vuelta por el casco histórico y, saltándose el muro de protección del Paseo Salamanca, llenó de agua tanto esta calle como otras adyacentes. Eran, aproximadamente, las 6.30 horas. Varios vehículos aparcados deambularon sin control hasta chocar unos con otros y golpear contra las fachadas de los edificios más cercanos. En éstos, el oleaje derribó puertas, ventanas y escaparates y se introdujo en sótanos y garajes, además de en algunos bajos de viviendas y otros locales. Además, en el edificio Miramar, el más afectado, uno de sus balcones fue completamente arrancado de la pared.
No se registraron heridos de consideración, pero los bomberos tuvieron que rescatar a dos personas de "avanzada edad" que se encontraban en su casa de la calle Soraluze con agua hasta las rodillas, y una tercera fue trasladada a un centro hospitalario tras sufrir una caída por la potencia de las olas.
300 personas Entre bomberos, Policía local y trabajadores municipales, cerca de 300 personas se multiplicaron para achicar agua (se emplearon nueve bombas de agua para desatascar los sumideros) , retirar vehículos y escombros, limpiar las calles y estimar los posibles daños. Éstos afectaron, incluso, al mercado de La Bretxa, que como otros locales cercanos alcanzó un metro de inundación (hasta la cintura). También el parking de la plaza Zuloaga se vio notablemente castigado, con varios vehículos perjudicados en sus plantas más bajas.
Sin embargo, esta parte de la capital no fue la única afectada. En todo el Paseo Nuevo, las olas golpearon y arrancaron grandes rocas que fueron arrastradas calles adentro, y provocaron un socavón que no podrá ser reparado a corto plazo debido a su profundidad. Además, el puerto y las tres playas -así como las zonas de Gros, el Centro y el Antiguo más próximas a éstas- se vieron sacudidos por la fuerza del mar. Especialmente duras fueron las condiciones en Ondarreta y La Concha, donde se desprendieron adoquines, bordillos y parte de la barandilla de esa última (unos 20 metros).
Además, el agua inundó las discotecas La Rotonda y Bataplán, al igual que las instalaciones de La Perla, que sufrió cuantiosos daños tanto en su centro de talasoterapia como en el gimnasio y una tercera sala. También resultaron perjudicados el Club Atlético San Sebastián y el Club Eguzki, así como las cabinas colectivas de las tres playas. En la de Ondarreta, por otro lado, el parque infantil que se encuentra en su arenal apareció destrozado, con sus elementos desperdigados sobre los jardines, a muchos metros de distancia.
En otros puntos de Gipuzkoa, el temporal, que dejó sin faenar a la costa de bajura pero no afectó a la actividad del aeropuerto de Hondarribia, se dejó notar con especial intensidad en Zarautz y Getaria, con algunos locales afectados y problemas en la carretera de la costa.
Sus efectos se concentraron en gran parte por la mañana, aunque la tarde también estuvo acompañada de un fuerte oleaje. En Donostia, cientos de curiosos se congregaron junto al Kursaal y en los puentes del Urumea -sobre el que por la mañana se dejó ver algún que otro aficionado al surf- para constatar la fuerza con la que entraba el mar.
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