
Iñaki Uria y Mikel Sorozabal, en Martin Ugalde Kultur Parkea de Andoain, donde se encontraba la sede central de 'Euskaldunon Egunkaria' .Foto: r. plaza
andoain. Nueve horas de registro en el marco de una amplia operación policial -intervinieron 300 agentes de la Guardia Civil- bastaron para liquidar los 20 años de "sudor y lágrimas" que costó levantar Euskaldunon Egunkaria . Cinco años después de la clausura del único periódico escrito íntegramente en euskera, ningún magistrado se ha pronunciado todavía sobre la sentencia de muerte que, bajo el disfraz de cierre cautelar, dictó de antemano el juez instructor de la Audiencia Nacional Juan del Olmo, ni tampoco sobre los supuestos delitos económicos y de integración en organización terrorista que imputan a las doce personas procesadas en el caso Egunkaria (siete en el sumario principal y ocho en la causa económica).
Tras cinco años con la espada de Damocles sobre sus cabezas, el desgaste personal es evidente y sus expectativas sobre la posibilidad de que la Audiencia Nacional archive el caso, nada esperanzadoras. A la espera de que el juez tome una decisión -es más que probable que se proceda a la apertura de juicio oral-, el 20 de febrero ya está marcado en rojo para los imputados, que hoy continúan sufriendo las consecuencias de este macrosumario y, lo peor, están convencidos de que sigue existiendo el riesgo de que se reproduzcan operaciones como la de Egunkaria mientras se permita a la Audiencia Nacional actuar con la "impunidad" con que viene haciéndolo.
Aquel 20 de febrero de 2003 se desarrolló de madrugada el primer operativo policial, en el que además de precintar las puertas de acceso a la sede central del rotativo en Andoain y cerrar el resto de delegaciones, fueron detenidos 10 directivos y ex responsables de la sociedad Egunkaria S.A., editora del periódico.
Para todos ellos y, sobre todo, para los que denunciaron torturas, como es el caso de Iñaki Uria, este episodio supuso un antes y un después en sus vidas. "Evidentemente que entren en tu casa a la una de la madrugada guardias civiles con fusiles de asalto, te lleven y te mantengan durante cinco días y cinco noches incomunicado y bajo torturas, y después, permanezcas un año y medio en la cárcel afecta a cualquiera", señala el ex consejero delegado de Egunkaria.
Es obvio que la experiencia personal de cada uno de los imputados es diferente, pero todos han visto dañada, de alguna manera, su imagen. "Siempre hay alguien que piensa o dice 'algo habrán hecho'. Eso te afecta, porque ¿en qué se basan para decir eso? Yo no he hecho nada. Todo lo contrario. Lo único que hemos hecho ha sido trabajar a favor de unas ideas, del euskera, trabajar un montón de horas, cobrar mal y, de repente, este premio" , lamenta Mikel Sorozabal, ex gerente de Egunkaria y procesado en la causa económica.
No hay que olvidar tampoco que algunos encausados llevan cinco años en libertad condicional y con las cuentas bloqueadas. "No puedes ir a la playa de Hendaia, por ejemplo, porque necesitas autorización, no puedes vender el piso o el coche, porque automáticamente ese dinero se lo tienes que entregar a la Audiencia Nacional, tampoco puedes comprar nada a tu nombre ni abrir una cuenta propia, porque te la bloquean. La amenaza es de quedarnos de por vida insolventes", explica Sorozabal. "Y encima parece que tienes que dar gracias de no estar en la cárcel", apostilla Uria.
MASIVA respuesta Pero no todo es negativo. Ambos ex directivos del periódico clausurado destacan la masiva respuesta de la sociedad y las instituciones vascas contra aquella operación policial y el fuerte impulso que recibió la prensa en euskera, cuyo fruto inmediato fue el nacimiento de Berria. "Afortunadamente, el apoyo no se quedó en una manifestación y la gente supo canalizar lo que estaba pasando y las energías que surgían del cierre para sacar un nuevo periódico", valora Uria, al tiempo que resalta la labor de los trabajadores de Egunkaria los días posteriores al cierre.
Las primeras reacciones a la operación dirigida por Del Olmo fueron de incredulidad. Después, la sociedad se volcó y salió a la calle para denunciar la situación. "No sólo nos sentimos arropados; aquellas manifestaciones -en octubre de 2003 hubo otra protesta masiva contra el segundo operativo policial- pararon otras posibles operaciones que se veían venir. No hay que olvidar que aquello se desarrolló al final de la segunda legislatura de Aznar, cuando tenía mayoría absoluta, y se hablaba del autogobierno vasco y su posible suspensión", contextualiza Uria.
Tras agradecer todo el apoyo mostrado desde dentro y fuera de Euskal Herria, ambos imputados coinciden en que "no ha sido suficiente" para que se archivara el caso. En este sentido, confiesan su preocupación por la "impunidad" con la que actúa la Audiencia Nacional, haciendo oídos sordos a la sociedad, a los parlamentos, al Gobierno Vasco.
Por ello, creen, lamentablemente, que lo que ocurrió con Egunkaria podría repetirse. "Nos costó 20 años levantar Egunkaria , un montón de esfuerzo, un montón de gente cobrando poco, sudor y lágrimas, para que en una noche te echen todo para atrás. Al final, ésta es la preocupación que siempre nos queda", concluye Uria.
HOY, CONCENTRACIONES Pese a todo, los imputados mantienen intacto su compromiso con el euskera y la cultura vasca. Hoy participarán junto a otros muchos ciudadanos vascos en las distintas concentraciones de protesta contra el cierre del periódico euskaldun al cumplirse cinco años de la clausura. El acto principal tendrá lugar a partir de las 11.30 horas frente a la que fuera sede de Egunkaria, en Martin Ugalde Kultur Parkea de Andoain.
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